Últimamente, por mi clase de Creación Literaria y algunos nuevos escritores que voy conociendo, me rodeo de personas que se han cuestionado cuáles pueden ser las técnicas más básicas y sencillas para redactar un buen cuento.  En una clase de Literatura Hispanoamericana que tomé el año pasado, discutimos brevemente el Decálogo del perfecto cuentista de Horacio Quiroga.  Mediante este escrito, estipula las reglas básicas que considera, con su vasta experiencia como cuentista, debe seguir toda persona interesada en escribir un cuento.


  Tengo la convicción de que no siempre es necesario rodearse de muchas técnicas y herramientas para desarrollar un gran relato.  Es necesario, antes, que el escritor conozca la ubicación y el fin del mismo.  No todos los cuentos siguen unas reglas específicas y dentro del género ‘cuento’ hay una gama enorme de subcategorías: ensayísticos, macro o micro cuentos, relatos. También se clasifican entre el horror, lo paranormal, el romance, lo histórico y un largo etcétera.

  Hago paréntesis para mencionar que hace poco leí el cuento que fue el más corto del mundo hasta el 2005; fue redactado para aquellos que se quejan de tener poco tiempo para leer (sarcasmo).  Escrito por Augusto Monterroso y titulado Dinosaurio el cuento es el siguiente:


Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

  A lo que íbamos. En esta entrada les compartiré algunas de las recetas que expertos en literatura han ofrecido para perfeccionarse en el arte de contar cuentos.  La oración final de un cuento es tan importante como la primera.  Puedes estar seguro de que has escrito un buen relato, pero si el mismo no tiene esas dos oraciones bien desarrolladas no te dejará satisfecho y, mucho menos, al lector. Es importante un comienzo que lo diga todo sin decir nada, causando impresión y ganas de leer.  También lo es un final que resuma todo y deje al lector con ganas de más, que abra las puertas a un mundo de posibilidades.  A mi entender, ésta es una de las grandes técnicas que todo cuentista debe desarrollar (y de las más difíciles, para variar).

  Un recurso literario que se puede utilizar para esto es el leitmotiv, que es la repetición del motivo central o el asunto.  En este caso se aplicaría uniendo de alguna forma ambas oraciones, para que estén correlacionadas y hasta dependan la una de la otra.  A continuación, presento un ejemplo clave para entender la técnica:

            Oración inicial: Rugiendo entre la leña y destrozando, poco a poco, la cabaña, el 
                                                fuego levanta altas brasas mientras la vieja dormía”.

            Oración final: “En lo lejos, tras los restos carbonizados, el fuego apagaba sus 
                                               últimas llamas…”.

  Ambas oraciones se complementan y repiten la trama central (un siniestro/fuego).  Hay que tener en cuenta que para redactar la primera oración es fundamental que el escritor sepa cómo acabará su cuento.  No hay que comenzar explicando todo de antemano, mucho menos presentando el personaje con todas sus características.  Lo recomendable es que el lector lo descubra en la medida en que avanza la lectura.  Para esto, es necesario que se inicie el relato obligando, con el vacío de información, al lector a cuestionarse las ideas que se presentarán.

  En la segunda parte de esta entrada, se presentan más técnicas o herramientas que se pueden utilizar en el arte de escribir cuentos.

© Grisel R. Núñez, 2012