Siempre hemos hecho alarde sobre las características del español en la Isla.  Los amantes del idioma y de conocer nuevas palabras, o acepciones, disfrutan de las conversaciones donde se debaten los usos particulares del mismo.  Intentamos buscar nuevas formas de decir las cosas o los usos correctos de algunas palabras.  Hace poco fue publicada una noticia donde se destaca que Puerto Rico es el tercer país hispanohablante en acceder a la página web de la RAE, sobre todo para hacer consultas al diccionario.  En el primer lugar de la lista se encuentra España y en el segundo Uruguay.  Según el reciente análisis de circulación de páginas web, se desprende que la RAE se encuentra en el puesto 148 de la Isla.


  José Vega, director de la Academia Puertorriqueña, señala que “el dato sobre la frecuencia de las visitas puertorriqueñas a ese espacio, sin duda, es un indicador del interés de los puertorriqueños en los asuntos del idioma”.  Por otro lado, especula que “la proximidad oficial de la lengua inglesa al español de Puerto Rico y las ‘dudas’ frecuentes que ello provoca sobre la ‘casticidad’ de algunas palabras podría ser un factor que explique el gran número de consultas al diccionario.  Lo que también indica un deseo de corrección lingüística, sobre todo en la comunicación formal”.  Estoy completamente a favor de tales argumentos.  Las personas que están más cerca de lo académico (escuelas, universidades), de trabajos en oficinas (periódicos, empresas), entre otros, son las que más hacen uso del DRAE.  Al alcance de un click logran salir de dudas respecto al idioma.

  El interés que muestran los puertorriqueños por las características regionales del idioma es destacado, por lo que presentamos otras particularidades que definen el español puertorriqueño:
  • Existe un sinnúmero de palabras puertorriqueñas no incluidas aún en el DRAE.  Estas son parte del habla diaria que caracteriza el lenguaje local. Entre ellas se encuentran las siguientes: enfogonarse (enfadarse), trinco (encogido), envejeciente (anciano), afrentao (persona glotona) y coger la ‘juyilanga’ (huir o irse de un lugar).
  • Usamos palabras que no se ocupan en otros países. Algunas están incluidas en el DRAE, como sorbeto y zafacón.
  • Hay acepciones puertorriqueñas que faltan incluir en el DRAE. Tal es el caso de: égida (asilo de ancianos), chicho (pliegue de gordura), abanico (ventilador eléctrico), cafre (persona vulgar) y chinchorro (negocio pequeño y pobre donde se acostumbran vender bebidas alcohólicas y frituras).
  • Acostumbramos a llamar algunos objetos por la marca que ha dominado en el mercado en lugar del nombre correcto.  Por ejemplo: pampers (pañal desechable), chub´s (toallas humedecidas), vel (líquido de fregar) y listerine (enjuagador bucal antiséptico).
  • Es normal utilizar palabras que hagan referencia a la guerra. Se escuchan expresiones como: aquí en la lucha o batallando (sobreviviendo a un problema o a las dificultades de la vida), es un guerrero (persona luchadora, que se ha repuesto de problemas) y ¡Dispara! (utilizado para pedirle a una persona que diga ya lo que tenga que decir).
  • No vacilamos en nuestro ingenio de crear nuevas palabras o acepciones, dejándonos llevar, muchas veces, por construcciones metafóricas o símiles.
  • Creamos gerundios de cualquier palabra, sea verbo o no.  Ejemplos: piñoneando, chinchorreando (ir de chinchorro en chinchorro compartiendo con los amigos, con los panas o la familia) y turisteando.
  • En muchas ocasiones, no sabemos cómo definir una palabra o concepto, por lo que comenzamos a hacer descripciones del mismo, a decir para lo que se usa o lo que no, a demostrar con ejemplos, entre otros.
  Es posible que al leer las características mencionadas puedas ir ofreciendo tus propios ejemplos.  Las particularidades del español puertorriqueño son muy variadas y se encuentran en constante cambio, como las del idioma en general.  Debemos preocuparnos por conocer las mismas para continuar utilizándolas y sentirnos orgullosos de lo que nos define y nos representa como Isla.

© Grisel R. Núñez, 2012