En el español puertorriqueño utilizamos a diario un sinnúmero de palabras consideradas lingüísticamente como ‘criollas’.  Un criollismo es una palabra creada por el jíbaro o por el pueblo.  Las personas criollas fueron los descendientes de razas europeas, en su mayoría la española, y que son nacidos en territorio americano.  Las lenguas criollas son aquellas “surgidas en comunidades precisadas a convivir con otras comunidades de lengua diversa y que están constituidos por elementos precedentes de ambas lenguas”, según DRAE.  Esto se aplica, sobre todo, a los idiomas formados de la mezcla de lenguas europeas, indígenas americanas y comunidades africanas.  Tenemos el caso del criollo haitiano que constituye hoy día una lengua completamente criolla y que es hablada por la totalidad de sus habitantes.  En Puerto Rico se habla español, pero éste tiene unas particularidades, como en otras áreas de América, y entre ésta destaca el uso de palabras criollas.  Estas tienen la peculiaridad de no ser inteligibles en el resto de la comunidad hispanohablante, aunque pudiera darse el caso de que en algunos países antillanos se reconozcan algunas.


  Para que este concepto quede más claro, se presenta una serie de ejemplos de criollismos puertorriqueños junto al sinónimo de cómo lo utiliza el resto de hispanohablantes: reguerete (desorden), lambeojos (adulador), repelillo (repugnancia), embrollao (endeudado), esguabinao (cansado), asorao (asustado), sínsoras (lugar lejano), aprontao (entrometido), puya (sin azúcar), pana (amigo), estar bueno (atractivo), tripeo (burla), guame (algo fácil de hacer), pitorro (ron ilegal), bayú (fiesta), estofón (estudioso) y amarillo (plátano maduro frito).

  Para nosotros son términos comunes, del habla diaria, y que fácilmente reconocemos su significado.  A otras personas se les dificultaría esta tarea.  El hecho de que solo se utilicen en Puerto Rico, o que sean criollismos lingüísticos, no significa que están erróneas o que no se puedan usar.  Obviamente, se debe evitar en la comunicación con personas extranjeras, si queremos que ésta sea efectiva. Conozcamos un poco más del español puertorriqueño, utilicémoslo y sintámonos orgullosos de nuestras raíces criollas.
© Grisel R. Núñez, 2012