Para toda mujer con un poco de conciencia, leer las “Cartas a mis amigas” publicadas en La Habana por la escritora y profesora Lola Rodríguez de Tió es un goce, un ensanchamiento del orgullo femenino, un reconocimiento del importante papel que tiene en la sociedad, en la patria y en la cultura.  Además de todos los temas y áreas en los que se ve envuelta la mujer, Rodríguez de Tió hace un llamamiento al estudio, a la intelectualidad, a convertirnos en soporte cultural del pueblo para que pueda desarrollarse y salir adelante.

  Aunque Antonio S. Pedreira, en su libro de ensayos titulado Insularismo, hace una crítica a la feminización de la educación y establece que esto afecta el carácter que deben desarrollar los hombres, también realiza otro tipo de llamamiento donde sí reconoce el papel de la mujer en la cultura: “me refiero a las mujeres intelectuales, influyentes, organizadoras, que ocupan la atención pública y están en condiciones de rendir mejores servicios a la cultura”.  Este excelentísimo escritor, con evidentes características machistas en sus letras, destaca la importancia de la mujer en la cultura de un país.

  Rodríguez de Tió reconoce en su escrito que la inteligencia de la mujer encamina a los hombres a la lucha por la patria; sin embargo no deja de lado otros roles que también le corresponden, como lo son las funciones en el hogar y la labor de madre.  Para poder colaborar con esta importante función en la cultura, la mujer necesita perfeccionar su inteligencia, meditar y reflexionar, apoderarse de ideas y discurrirlas, y llegar al fondo de la verdad mediante investigación constante.  Esta gran escritora utiliza diversas expresiones que a cualquier mujer le provocan una inmediata subida de moral y el reconocimiento de las aptitudes que necesita para lograr sendas responsabilidades patrióticas y sociales, entre las que se pueden mencionar: “hemos de felicitarnos por tal progreso”; “la mujer está llamada a ser el complemento del hogar y de la patria”; y “la naturaleza ha dotado a la mujer antillana de tantos sentimientos generosos, como de gracia y de inteligencia indiscutibles”.

  En ocasiones, la mujer pierde su rumbo y no reconoce lo significativo que es convertirse en un ente estudiado, con conciencia, poseedor de libertad, inteligencia y sentimientos genuinos por el bienestar social y patriótico.  Es necesario que comencemos por entender nuestros deberes y responsabilidades para lograr ejecutarlos de la forma correcta.  Como recomienda Rodríguez de Tió: es el deber de la mujer estudiada el de “estimular el amor al estudio y a la lectura”.  De esta forma procurará el bienestar de todos y contribuirá en la creación de un pueblo fortalecido, pensante y funcional.  Sin embargo, considerando otro comentario de Pedreira, “respeto intelectual nos hace falta”.

© Grisel R. Núñez, 2013