Un pueblo rotulado es uno que lleva en la frente una inscripción que detalla todo su contenido: lo que es, para qué sirve y hasta cómo debe comportarse. Cada pueblo con esta característica pudiera, entonces, separarse entre diversos productos con ingredientes que no se pueden mezclar: verdes con azules, católicos con protestantes, homosexuales con conservadores, y así siguen los ejemplos interminables. Para preparar la receta de lo que es el puertorriqueño, no sé a quién se le ocurrió la idea de encasillarnos y encajonarnos en un solo paquete y, al final, nos terminaron dividiendo entre colores, nombres y empaques que ni siquiera nosotros entendemos. Nos tienen apretujados y mal ubicados en un anaquel del que no podemos salir.