Este fin de semana leí una noticia que me dejó un sabor amargo en la boca. Se titula El fraude de los talleres literarios y, en pocas palabras, le aconseja a toda persona que quiera ser escritor que no pierda su tiempo en un taller de escritura porque no aprenderá nada. No es la primera vez que leo algo así; este es uno de los debates sobre el oficio de escritor que jamás acaban.


  Dejaré claro desde un principio lo siguiente: creo totalmente y defiendo a cabalidad la participación de un aprendiz de escritor en un taller de escritura. No solo soy producto de ellos, sino que espero serlo por toda la vida.

  Además de ser profesora de un taller de escritura y tener un blog donde publico al respecto, también pertenezco a un grupo literario (y a diversas comunidades de escritores en la web), leo constantemente sobre el oficio de escritor (herramientas, técnicas, ejercicios, recursos, noticias, consejos), llevo años participando de círculos de escritura y hasta he pagado por cursos universitarios. A pesar de todo esto, todavía me considero una aprendiz de escritora.


  ¿Significa entonces que he perdido mi tiempo? ¿que los talleres literarios no sirven? ¿que le vendo a mis alumnos algo que no les ayudará en su objetivo? No, no y no. Sin los talleres jamás hubiera llegado a donde estoy hoy. No solo he crecido en el área profesional, sino que me han hecho rodearme de gente de la que también he aprendido muchísimo. Los talleres son parte de mí, de mi diario vivir; son los que me han hecho perfeccionarme, retarme y hasta animarme en la escritura.


  En dicha noticia, se mencionan una serie de absurdos que quisiera comentar desde mi experiencia.


Si quieres escribir lo que tendrías que estar haciendo es leer la mayor cantidad de literatura buena que puedas.

  Saber qué es considerado buena literatura no es fácil para muchos. Es más, hay escritores que son considerados los mejores en la materia y que al leerlos, no provocan nada. La calidad sobre algo es muy relativa. Pero supongamos que leemos mucho (y que conste que para mí la lectura es lo primordial para un aprendiz de escritor), ¿qué hacemos con esas lecturas? Lo mínimo que deberíamos hacer es un análisis de los recursos utilizados. ¿Y cómo aprendemos a hacerlo? ¿con quién lo compartimos? Mi lectura es por placer, pero en cada una analizo la forma y técnica utilizada por el escritor. Leo como lectora y como aprendiz de escritora, lo cual aprendí en un taller literario, donde desarrollé mi análisis crítico y perfeccioné mi sentido de observación (ver más allá de una simple lectura). Aquel aprendiz que no sepa cómo hacer esto, necesita de una guía que le ayude en el proceso = taller literario.

Malgastas la mitad de tu vida escribiendo cosas que no estás listo para escribir.

  No todos los escritores comienzan creando grandes obras literarias; es más, son poquísimos los que logran esto. Los demás tenemos que practicar y requetepracticar antes de dominar la técnica. Si la práctica hace al maestro, escribir hace al escritor. Quien considera que hacer ejercicios de escritura (así sea con disparadores creativos) es una pérdida de tiempo, entonces no es un escritor genuino. Hasta los grandes juegan con las palabras.

No vale la pena pagarle a un experto para aprender a escribir.
  Todo depende de quién sea el experto (hay quienes se hacen llamar profesionales y en realidad son mediocres). Yo he pagado por aprender técnicas de escritura y no me arrepiento. Si le pagas a cualquier persona sin saber su historial o calidad de trabajo, entonces eres un tonto. Actualmente, muchos escritores y profesionales a nivel internacional tienen talleres de escritura; gente que verdaderamente te puede ayudar en el proceso y ¡no necesariamente es de pago! Pero si un García Márquez, por ejemplo, viniera a dar un taller o conferencia a mi ciudad y se cobrara la entrada, por la admiración que le tengo, yo pagaría encantada de la vida.

La mayoría de los grandes escritores no fueron a un taller literario.
  Tal vez no tenía ese nombre en específico, pero sí que asistían. Se sabe que escritores reconocidos (de todas partes y épocas) se reunían con colegas para compartir sus escritos en tertulias, para tener charlas culturales y para aprender de otros. Algunos incluso tenían aprendices a quienes les enseñaban todo lo que sabían. Estos grupos literarios tienden a ser cerrados. Si escritores ilustres no hubieran asistido a este tipo de talleres (reuniones), entonces no hubiesen nacido grandes revistas literarias, manifiestos revolucionarios, grupos o movimientos...

¿Se imaginan a Franz Kafka llevando las primeras páginas de La Metamorfosis a un taller?
  ¿Sabías que Kafka se consideraba a sí mismo un pésimo escritor y que la mayoría de su obra es póstuma, justo porque él no creía en su calidad?

Los profesores en los talleres de literatura alientan a escribir a todos, incluso a los que no tienen talento.
  Me he encontrado muchos así, pero no se vale generalizar. En el mundillo literario encontrarás de todo: desde los talleres que de verdad son una pérdida de tiempo hasta los profesores mediocres que no saben juntar dos versos. Por eso tenemos que aprender a discernir entre lo que nos ayudará a crecer y lo que no. Yo apoyo los buenos talleres de escritura y los grupos culturales, no esos que aplauden a cualquiera que escribe algo, así no tenga calidad literaria. Mucho menos a los que están manchados por un color político, los que hacen que la literatura deje de lado el arte, la belleza. Si te topas con un taller donde el profesor no da recomendaciones y, para colmo, tiene la teoría de que todo mundo puede ser escritor... entonces sal corriendo de allí.

  No nacemos sabiéndolo todo. Para ser escritor se necesita tener algo que contar y saber cómo hacerlo. La lectura puede ayudarte mucho, pero no lo es todo. A veces necesitamos de talleres de escritura para perfeccionar el arte: así sea desarrollar personajes creíbles, el uso de la puntuación en los diálogos y hasta el explorar nuevos géneros o formas de expresión literaria. 

  Creo firmemente en que el escritor nace y se hace, ambas por igual. Uno puede tener el talento y las herramientas en su chip, pero tiene que desarrollarlas y potenciarlas. Las demás ramas del arte se estudian: el dibujo, la pintura, la música, el teatro. ¿Por qué cuestionar el aprendizaje de la escritura? 


  La noticia concluye con una receta infalible para los aprendices de escritor: escriba, lea, edite y repita. Supongamos que seguimos esta receta. Lo primero es que para escribir hay que practicar mucho, aprender las técnicas y las formas adecuadas. De lo contrario, escribirás una cantidad infinita de páginas sin calidad alguna. Lo que significa que necesitas dominar ciertas faenas del oficio y eso solo lo lograrás en un taller literario, tomando cursos a nivel profesional o de forma autodidacta.

  Lo segundo es leer, consejo que no debato. Lo tercero es editar y creo que aquí sí que el aprendiz de escritor debe detenerse y pensar cómo diantres aprenderá a editar (reescribir, corregir, determinar calidad y todo lo que ello implica). Definitivamente, para esto, como mínimo, tendrá que tomarse un cursito y qué mejor que sea en una entidad prestigiosa, que pueda enseñarle las últimas normativas.

  No me despediré sin preguntarte lo que piensas sobre todo este debate. ¿Consideras que los talleres literarios son una pérdida de tiempo? ¿Haz participado o participas en alguno? ¿Cuáles son los pros y los contras de pertenecer a un grupo de escritores?

© Grisel R. Núñez, 2014