Cuando empecé a estudiar pedagogía, nadie me contó lo difícil que sería pararme frente a un grupo de alumnos poco interesados en escuchar o aprender algo; intentar impartir conocimiento sin recursos o materiales; cumplir con todas las cargas que ponen sobre los hombros de un profesor; soportar los tratos de los padres; y ¡para colmo! que todo mundo se sienta con el derecho a decirte que tu sueldo y tu trabajo es una miseria.

Pues eso. Estudié pedagogía por pasión, pero al entrar al sistema choqué contra un mar de obstáculos que bien pudieron deprimirme, arrancarme la vocación de raíz y convertirme en una amargada más. Hacer lo que más te apasiona se puede convertir en un infierno. ¡Y lo digo en serio! ser profesor es durísimo, pero admiro mi profesión y la defiendo muchísimo.

Lo mismo sucede con la escritura. Muchos de los que comienzan a formarse como escritores pasan por los mismos tropiezos y tienen dos caminos: mantener su vocación y continuar hasta convertirse en un profesional o dejar todo de lado, abandonar ante el primer fracaso.

¿Cuántos comenzaron a escribir con la idea de que al terminar su novela estaría perfecta, sin mayores errores, porque en la escuela eran buenos en la clase de lenguaje? ¿Cuántos estaban seguros de que su obra era tan buena que conseguirían un editor que quisiera publicarlos ¡e incluso darles un adelanto monetario!? ¿Cuántos soñaron con la fama, el reconocimiento, los millones de libros vendidos? 

Antes que escritores fueron pensadores que se sentaron frente a su escritorio, con papel y lápiz en mano (démosle romanticismo), con un gato acariciándoles las piernas, y les fluyeron excelentes ideas que pudieron plasmar en el papel. Luego le ponen el punto final a la novela, se beben una botella de vino para celebrar y envían el borrador a un editor (quizás a muchos) que encuentran en Internet. Y se tiran a la cama a esperar un contrato editorial que firmar.

¡Despertad, señores! ¡Espabilen! ¡Enterrad los pies en la tierra si es necesario! La fantasía se vive en el papel; en la vida, la realidad.

Lo mismo me sucedió cuando comencé a ejercer como profesora. Soñé con cambiar el sistema (¡sí! ese que tanto se critica a nivel internacional). Quise hacer la diferencia, que todos adoptaran mis metodologías, que los colegas se motivaran y cumplieran seriamente con su rol de docentes, que los alumnos pidieran más y más lecturas e iniciativas para formarse… pero jamás puedo esperar que un sistema cambie de lo macro a lo micro.

El profesor debe cambiar primero él y su ejercicio docente, para luego esperar el cambio en los alumnos, los colegas, los padres, el sistema. Solo tú, con paciencia y dedicación, con entrega y compromiso, puedes cambiar tu ejecución (y por ende, tus resultados). 

Pues en la escritura, repito, pasa lo mismo. Si quieres ser un buen escritor y no perder la vocación por el oficio, tienes que prepararte antes de escribir. ¿Por qué no ves la escritura como una profesión? Un abogado no ejerce hasta que domina las leyes, los procedimientos y la técnica; ¡incluso observa miles de casos antes! Aun así, debe continuar estudiando y no se hará un buen abogado hasta que no tenga una trayectoria.

¿Y por qué un escritor se quiere llamar a sí mismo escritor cuando no tiene una formación en ello? ¿cuando no sabe construir un diálogo? ¿cuando no le interesa leer un libro? ¿cuando no sabe si quiera qué es el proceso de escritura? ¿Es que acaso no valora y respeta su trabajo? ¿su vocación?

Antes de escribir hay que formarse. Muchos se quejan de las ideas (que no fluyen), de la musa (que desaparece), de la procrastinación (que domina sus vidas)… Pues te cuento que ¡nada de esto lo tendrías en tu vida si tomaras en serio la escritura!

Antes de escribir, debes prepararte. Lo segundo es escribir, que es lo más fácil. Al poner el punto final, comienza en serio el trabajo, pues solo terminaste la primera versión de una historia. Debes revisar, reescribir, volver a revisar y volver a reescribir. Debes corregir, corregir y corregir. ¡Y por si fuera poco! un profesional debe revisar y corregir tu trabajo. ¿Por qué? Porque todos necesitan un juicio crítico, técnico y profesional sobre su proceso creativo. Aunque suene dura, debo decirlo: si respetas tu trabajo, buscarás ayuda de un profesional.

Piénsalo bien. La mayoría de las profesiones requieren que en algún momento un tercero les ayude o corrija. Los profesores reciben distintas evaluaciones durante el año escolar. Los abogados son refutados ¡y hasta mandados a callar en pleno ejercicio de su profesión! Y muchos otros son fiscalizados en algún momento. Y si estás pensando que en el arte no pasa esto, te cuento que antes de que una película salga en el cine, debe pasar por miles de ediciones. Antes de que un diseñador publique una ilustración, hay una persona que aprueba su trabajo. Antes de que un músico se presente en un escenario, pasa por miles de audiciones y practica como loco. ¿Seguimos con los ejemplos?…

SIN PROCESO DE REVISIÓN, EDICIÓN Y CORRECCIÓN, NO HAY LIBRO. En tus manos solo tendrás un texto. Lo aceptes o no lo aceptes, así es como es. Así que piénsatelo mil veces, pues esto de ser escritor es una tarea difícil y, en algún momento, deja de hacerse en solitario: se añade un corrector, un editor, un ilustrador... Yo te ofrezco mis servicios (requeterecomendados por mí), pero tú escoges con quién trabajar. El punto es que lo hagas con quien más confiado te sientas, quien realmente creas que te puede ayudar.

Respeta tu trabajo como escritor.
Respeta el proceso de creación de un libro.
Respeta a tus lectores.
Respeta el oficio.

¿Pensabas que la tarea del escritor era más fácil? ¿Estás formándote en el oficio de escritor de alguna forma? ¿Has pensado contratar los servicios de un corrector u otro profesional en el campo editorial? ¿Cómo puedo ayudarte en tu formación como escritor? Todo aquello que me quieras contar será más que bienvenido. Ayúdame a ayudarte y a ayudar a otros. ¡Comparte y comenta! :)
Image and video hosting by TinyPic