Apuesto a que te encantan las películas. El mundo cinematográfico tiene la capacidad de atraparnos, de adentrarse en nuestro interior y provocarnos sentimientos diversos. En la última década incluso se ha puesto de moda llevar libros a la pantalla grande, sobre todo sagas y trilogías. El mercado editorial se ha expandido como no tienes idea y, créeme, esto no solo genera ingresos exorbitantes, sino que seguirá en aumento. 

Ahora bien, si Hollywood se ha alimentado de la literatura para renovarse, por qué las letras no pueden hacer lo mismo. La idea es que ambas artes se mezclen y se enriquezcan entre sí. Por eso me di a la tarea de recopilar algunos recursos que se usan en la cinematografía y que los puedes aplicar a tu escritura.

Lo inicial (y creo que lo he recomendado antes) es dividir la historia en tres actos, tal cual se hace en el teatro. En el primero se establece el conflicto central de la historia; se presentan los protagonistas (y su rol) y el contexto donde se desarrollará todo. 

En la segunda parte le daremos cuerpo a los personajes -los conoceremos más-. El ambiente y la trama se complicarán. El conflicto va a avanzar y a retroceder, como un sube y baja. También se desarrollan los conflictos e historias secundarios. Comúnmente, esta parte termina cuando nuestro protagonista no logra alcanzar su objetivo y todo se complica. 

Para terminar con los tres actos, nuestro protagonista logrará resolver su problema. Pero para darle el toque hollywoodense, perderá algo o le costará demasiado caro, lo que también tiene que ver con su evolución como personaje. 

Otro recurso utilizado en la cinematografía es la regla de tres que ya discutimos. A modo de resumen, la historia debe tres personajes: el protagonista, el antagonista que le hace la vida imposible y otro dinámico. Todos los demás se presentan como secundarios o comodines. 

Recuerda que en las películas siempre hay movimiento. Aquellas que se quedan estancadas en lo mismo, rara vez llegan al cine. Logran captar la atención del público en pocos minutos (en nuestro caso serán páginas); de lo contrario se aburren y lo dejan de lado. Para evitar esto tenemos que centrarnos en el conflicto y en cómo afecta o estimula a los personajes, es decir, cómo reaccionan ante este. Cualquier elemento que se salga de este cuadro sirve de relleno y nos deja en una zona de confort. 

Tal vez nunca hayas analizado las películas de esta forma, pero haz la tarea. Escoge una película y analiza cómo se estructura la trama, cómo el conflicto reúne a todos los personajes, cómo los diálogos hacen avanzar la historia y cómo los elementos que rodean a estos nos dan pistas de lo que pasará. 

¡Conviértete en un crítico cinematográfico y analiza qué elementos te ayudarán a escribir mejor!
Quién sabe si tu libro se convierta en el próximo éxito hollywoodense…
Nunca dejes de soñar. :)

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