¡Hola! La entrada de hoy es diferente a las habituales, pero vale la pena. :) Muchas personas me han preguntado cómo nació Cafetera de Letras, de dónde saqué el nombre, cuánto tiempo lleva funcionando, entre otras preguntas relacionadas al blog. Así que aprovecharé esta ocasión para contarte la historia que dio origen a la Cafetera de Letras. 

Me mudé a España a comienzos del 2012 para estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada. Paseando entre las callejuelas, vi un anuncio de una Escuela de Escritores; y ese mismo día quedé matriculada. Siempre he escrito, siempre he leído, y desde los 14 años he estado de una manera u otra en talleres, cursos, tertulias y grupos de escritura. ¡La pasión la llevo en la sangre! 

Quise tener la oportunidad de conocer la visión española sobre la creación literaria, de enriquecerme culturalmente y de expandir mis conocimientos, así que no desaproveché la oportunidad. El grupo de escritores con los que me reunía dos veces por semana se compenetró tanto que convertimos cada encuentro de dos horas en una tertulia de seis. Nos echaban de la escuela y nos cambiábamos a la tetería de una compañera. Leíamos nuestros textos, nos criticábamos y comentábamos; reflexionamos sobre diversas temáticas, analizamos obras literarias y estudiamos, mediante la práctica, montones de técnicas. 

Sí, hacíamos todo eso, y más. Aunque éramos de países, géneros, creencias, edades, prácticas, gustos, conocimientos, profesiones, etcétera, distintos, todos éramos aprendices de escritor. ¡Queríamos pulir la vena literaria! Fuimos capaces de criticarnos sin faltarnos el respeto, de aprender de los otros. Al comienzo de cada reunión, dejábamos de lado los prejuicios, los miedos, la mala vibra, los problemas… y nos concentrábamos en el oficio de escritor. ¡Casi una utopía!, ¿cierto? 

Reza una canción: «Todo tiene su final, nada dura para siempre»… y sí. El tiempo se cumplió. La escuela nos dio por escritores. Y cada uno continuó con su proceso. Entendimos que el ciclo había culminado y que aprendimos todo lo que teníamos que aprender entre nosotros. Era momento de caminar por otros rumbos. 

¡Pero tan linda amistad no podía desaparecer! Y como anteriormente ya habíamos decidido crear un blog donde publicáramos nuestras creaciones literarias (y todo aquello que pudiera ayudarnos en la escritura)... ¡nació Cafetera de Letras! 

El nombre salió de mis dos pasiones: el café y la literatura. Quise que tuviera un elemento relacionado a la cafeína porque soy amante al buen café, porque me recuerda mi tierra, porque acostumbro ir a las cafeterías para tomarme un café mientras escribo. El ambiente me es grato, me gustan las conversaciones de fondo, los murmuros, el ruido de la máquina de café, los olores… todo me inspira. Soy una isla con un papel que se llena de palabras y una taza humeante que se vacía. Y justo de ahí nace el otro término: la literatura. A veces escribo, otras leo. Siempre hay palabras, siempre hay letras. Jugué con los conceptos y resultó ganador el nombre actual: Cafetera de Letras. 

Al comienzo no sabía nada sobre los blogs, así que cometí miles de errores en el diseño, en el contenido, en la forma, en todo. Pero como en la escritura, se aprende practicando, metiendo la pata en el barro. 

Nunca dejé de estudiar. Mi blog se convirtió en un espacio donde compartía con mis ex compañeros mis nuevos conocimientos literarios. Ellos comenzaron a compartirlos con otros y de pronto me pidieron desarrollar otros temas. Me hicieron creer que tenía el don de explicar en palabras sencillas, de hacer que otros se interesen por la literatura, de provocar la creación. ¡Madre mía, me lo creí!, aunque se lo achaco a mi formación. 

Lamentablemente pasó el tiempo y la comunicación con muchos se perdió. Algunos murieron, otros se mudaron de país (como yo), unos se casaron y tuvieron hijos, y otros cuantos se desconectaron de las letras. «Todo tiene su final»… Pero Cafetera de Letras continuó teniendo visitas, personas de distintos países me contactaron, me siguieron pidiendo artículos, temas, ayuda… ¡y evolucionó! 

Saqué todas las obras literarias que había publicado (cuentos y poesías), y me concentré en la parte pedagógica: compartir conocimientos para la creación y/o apreciación literaria. Y hoy día la Cafetera de Letras es incluso un espacio donde ofrezco mis servicios editoriales

El blog ha sido una ventana para conocer escritores de distintas partes del mundo, una escuela para seguir perfeccionándome en este oficio, un trabajo para mantenerme económicamente haciendo lo que más me apasiona, el motor que me obliga a seguir escribiendo

Y todo eso te lo debo a ti. ¡Sí! A ti que me lees, que me dedicas tu tiempo, que me permites entrar en tu vida y compartir sobre las letras, y que incluso me invitas un café calientito. 

Cuando menos me lo espero, me llega a la casa una carta o una postal de algún seguidor, ¡incluso me han enviado paquetes de café y chocolatitos o dulces típicos de otros países! También libros, libretas de apuntes, marcapáginas y lápices; regalos de gente que quiere agradecerme por ayudarles en algo con el contenido que publico. Cuando no, me llegan mensajes por correo-e relacionados con las entradas o para contratar mis servicios. 

¡No sabes cuánto tengo que agradecerte! 


Si el diseño y el contenido han cambiado, ha sido porque ustedes lo han pedido, porque se lo merecen. Y a pesar de que trabajo como loca, no lo dejo ni lo dejaré. Tengo muchos proyectos con el blog, muchos, pero este año ha sido de compromisos a nivel personal y profesional (mi trabajo, mis estudios, mi salud, mi casa). Solo quiero que sepas que si algo he prometido, más tarde que temprano, lo cumpliré: así que se aproximan cursos y nuevos proyectos. :) 

Y así nació Cafetera de Letras. Y por esto tiene ese nombre. Y gracias a ustedes ha evolucionado. Y lo único que pido a cambio es comentar y compartir en sus redes sociales para llegar a más gente, que de ser así, me pongo las pilas y le dedico más tiempo (profesionalizándolo aún más, claro está). 

Lo dejo en tus manos. Si te gusta el contenido, comenta y comparte. Si quieres que toque algún tema en particular, déjame saber. Si necesitas contratar algún servicio, escríbeme. Si quieres enviarme alguna chuchería o detalle, pídeme mi dirección postal. Si te gusta el bajo perfil, solo hazte seguidor y dale me gusta en Facebook. Si quieres colaborar con entradas, contáctame. Si tienes alguna idea o propuesta, coméntamela. :)

Tienes muchas formas de apoyarme, motivarme y ayudarme a continuar. Solo tú puedes hacer que Cafetera de Letras continúe ayudando a los aprendices de escritor. 

Y después de toda esta parrafada, solo me resta pedirte que me invites una tacita de café. Sin mayores melodramas, se despide, la dueña y señora de esta cafetera:

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