Y como nos encantó la primera colaboración de Ana Claudia, la tenemos una vez más en el blog, lista para retorcernos y hacernos pensar sobre el oficio de escritor como solo una buena psicóloga puede hacerlo. Sin más, te dejo con la entrada de hoy, donde reflexionarás sobre la escritura como cuestión de vida.


Soy una lectoradicta. El procesador de textos, de manera eficaz y certera, serpentea la palabra con color rojo. Claro, no existe. Es un neologismo ajustado a aquellos que tenemos la fuerte (y presumo que imposible de erradicar) adicción a la lectura. Una necesidad que frecuentemente trae aparejada otra: la de escribir. 

Tú, que estás saboreando el aroma inconfundible de la Cafetera de Letras, entenderás que el olor a libro, la textura de las hojas, una portada de inconfundible estética, el misterio oculto en esas hojas escritas esperando por tu vista expectante, o aquellas láminas en blanco que esperan la impresión de tus letras, es tan adictiva como un buen café

¿Este amor es lógicamente entendible? ¿Qué ciencia se oculta tras ese deseo irrefrenable de perderse entre historias de otros? ¿Son ajenas esas historias o también son un poco propias? Porque por algún motivo permanecemos en ellas y nos dejamos llevar a ese otro mundo. Y cuando el que escribe eres tú… ¿qué te impulsa a hacerlo? ¿Qué voz interior te hace suya para que te doblegues a esa musa inspiradora? 

«¿En qué crees? ¿Por qué vives? A cada niño que nace se le debería entregar un pergamino con estas dos preguntas a las que contestar. Más tarde, con ese mismo folio –rellenado con todas las acciones de nuestra vida– habría que presentarse también ante la muerte». A través de estas palabras, Susanna Tamaro nos invita a reflexionar en una de sus novelas. 

Te propongo hacerte estas mismas preguntas pero cuando tengas entre manos una idea para escribir, o unas pocas hojas escritas que, cual bebé en gestación, esperan ser nutridas para crecer, desarrollarse, madurar y, para en el momento en que la vida lo indique pertinente, morir. 

¿Qué creencias, racionales o irracionales, te llevan a querer expresar, mediante la palabra escrita, todo aquello que quiere ser dicho, pero aún está en tu alma? No pocas veces me pregunto qué lleva a dar vida a determinado relato, cuento o poema. 

Ángeles Mastretta, escritora mexicana, descubre, para sí misma, que «cada quien teje su novela, va cargándola, la teje todos los días. Y, a veces, trama en ella el paso de sus ancestros como si del suyo se tratara». Por medio de la escritura entramos en un mundo con reglas propias muy diferente del ordinario, el de la realidad objetiva, si es que tal cosa pudiese existir. 

Elementos ocultos en el inconsciente pujan por salir. Quizá sientas cierto malestar interno, una inquietud difícil de descifrar, una agitación interior, un no sé qué que solo después de la catarsis escrita parece esfumarse. Y eres una persona distinta, algo ha cambiado, parte de la oruga se ha transformado en mariposa

Lo no dicho, lo oculto, la versión no oficial de temas familiares, el tabú de lo que no nos es dado poner en palabras. Todo eso, a través de la escritura, te lo puedes permitir. Ancestros que quieren ser reconocidos en el alma familiar, los que no pudieron venir, los que se fueron por decisión propia o antes de tiempo, los que tenían asuntos pendientes pero no llegaron a ejecutarlos: todo es material de escritura

Qué tipo de agujas elijes para diseñar tu vestimenta literaria depende de ti. El hilo de determinado color, intensidad y textura también va de la mano de tu gusto personal. Cómo vas a separar sus partes para el diseño, las pautas a través de las cuales las vas a articular para que tomen una forma única y qué punto escoges para dejar volar tu imaginación son de tu propia exclusividad. En qué momento decides que la prenda está lista y espera ser apreciada por los demás es de tu entera elección y comodidad. 

Quizás recién ahí puedas empezar a responder algunas de estas preguntas. En qué estás creyendo, qué espíritu te lleva a escribir, por qué das vida a un relato y no a una novela, por qué en un momento cultivas un poema y en otro un microrrelato. Tu hijo, tu obra, su origen, gestación, desarrollo y final son la prueba del ejercicio de tu libertad

¡A por ello! ¡Gracias por tu lectura! No olvides comentar y compartir. :) 


Yo no sé qué tiene Ana Claudia que siempre me deja pensando en mi labor como escritora. Con palabras dulces me atolondra y me sacude, logrando que deje de lado mis miedos al momento de sentarme frente a una página en blanco. También me hace confiar en mí misma, creer que las herramientas que necesito para convertirme en la escritora que quiero ser las tengo en mi historia, dentro de mí, y que solo necesitan ser potenciadas para salir a la luz y crear, en este caso literatura, pero al final la creación se manifiesta como le place. 

Después de esta entrada, confío en que harás el ejercicio de preguntarte qué es la escritura para ti, cómo te identifica y, en definitiva, si es una cuestión de vida o no. Recuerda que te estará esperando en los comentarios, así que no olvides dejarle uno (¡mira que ella los responde toditos!) y de paso compartir en tus redes sociales. ¡Besos!

Nota: Esta colaboración fue hecha por la psicóloga Ana Claudia Martínez. La puedes conseguir
en su Twitter (@anaclaudialicps), en Facebook o en su página web.