Todos los escritores quieren a sus personajes. Y es normal, porque cuando escribes inviertes un montón de horas en crear a tu protagonista. Has pensado desde el color de sus ojos al de su piel, sabes cuál es su color favorito e incluso cómo se llamaba el perro de su infancia. 

Así que cuando llega el momento de hacerlo aparecer por primera vez en tu novela estás deseando presentárselo al lector y darle todos esos detalles que has imaginado y que hacen a tu personaje único. 

Pues bien, ten cuidado con soltar de golpe la biografía completa de tu protagonista a la primera. Es como si una persona a la que acabas de conocer te contara la historia de su vida sin más preámbulos. Piénsalo: seguro que no te gustaría. En general nos gusta conocer a las personas poco a poco, ir desvelándolas como un misterio. Y lo mismo sucede cuando leemos un libro. 

Al principio, debes concentrarte en que tu protagonista cause una buena impresión (como cuando conoces a alguien que te interesa), en captar la atención del lector. Luego, poco a poco, irás revelando toda la profundidad psicológica de tu protagonista para que ese interés inicial se acreciente y el lector acabe por completo sugestionado por tu personaje. 

Te dejamos algunos consejos para ayudarte a conseguir que tu personaje se abra camino hacia el corazón de los lectores. 

1. MUESTRA, NO CUENTES
Empezamos por un consejo básico que puedes aplicar cuando escribas cualquier aspecto de tu novela, pero que es especialmente importante referido a la descripción del protagonista. A la hora de presentar a un personaje suele suceder que nos limitemos a acumular un montón de adjetivos. Por ejemplo: 
Pedro era tenaz, nunca se daba por vencido. 
Si lo haces así, el lector solo recibe una imagen abstracta de Pedro. ¿Qué significa exactamente ser tenaz? Pero si representas en qué consiste su tenacidad, este de pronto cobra vida: 
En el momento de saltar el plinto en clase de educación física, Pedro no fue capaz. Entre las risas de sus compañeros, fue a sentarse a la pila de colchonetas. Durante el recreo, Pedro volvió al gimnasio vacío. El plinto seguía en medio de la sala, desafiándole. Tomó carrerilla, pero se detuvo asustado en el momento de apoyar las manos sobre el cuero. Volvió a intentarlo, saltó y golpeó con las piernas el plinto. Tenía que saltar más alto. Lo intentó de nuevo. Esta vez voló por encima del aparato, pero aterrizó de bruces sobre la colchoneta. Ya estaba más cerca de lograrlo. Pedro repitió y repitió el salto hasta que logró elevarse con facilidad sobre el plinto y caer en equilibrio sobre ambas piernas. Lo había logrado, la próxima vez nadie se reiría de él. 
Esta breve escena es suficiente para ejemplificar la tenacidad de Pedro. El lector sigue sus esfuerzos y de esta manera es fácil que se identifique con el personaje, con su deseo de superación. Además, preparar una escena te permite añadir detalles, como el hecho revelador de que a Pedro no le gusta que ser el blanco de las burlas de la gente. 

2. GUÁRDAME EL SECRETO
No hay nada más sugerente que un secreto. Si tu protagonista guarda un secreto, el interés del lector se va a despertar de inmediato. Y es que a todos nos gustan los enigmas, porque ponen a prueba nuestro cerebro. 

Un secreto resulta muy estimulante y hace que el lector se interese de inmediato por el personaje que lo guarda. ¿Así que ese humilde camarero es un conde ruso? ¿Y cómo ha llegado hasta ahí? ¿Qué avatares se ocultan en su pasado? 

Haciendo alusión a los secretos de tu personaje te atraerás de inmediato al lector, que estará deseando descubrir más al respecto. 

3. EN POSITIVO
A todos nos gusta la gente positiva, sea en la ficción o en la vida real. Haz que tu personaje demuestre confianza (en sí mismo, en el destino, en su madre…), que se sienta capaz de afrontar los retos que el conflicto le presenta. 

Por supuesto, puedes templar esa confianza con sentido del humor, con alguna flaqueza, con un momento de duda… Se trata de que sea un personaje positivo, pero humano, y todos tenemos momentos de desaliento. Un personaje positivo va a llamar la atención del lector casi de inmediato

4. DIME CON QUIÉN ANDAS
...y te diré quién eres, reza el refrán. Una excelente manera de revelar detalles sobre tu protagonista es hacerle relacionarse con otros personajes.

De esta manera el lector puede juzgarlo por la calidad de sus amigos, comprobar cómo reaccionan el resto de personajes ante él y cómo responde a su vez el protagonista. Así no solo expondrás determinados rasgos del carácter de tu protagonista sino que, si lo haces bien, lograrás generar empatía. 

Cuida las escenas en las que el protagonista se relaciona con otros personajes para hacer que brille y que el lector siente que se puede identificar con él. 

5. SOY UN SER HUMANO
Un personaje debe ser humano. Incluso si es un vampiro, un troll o un robot con inteligencia artificial.

Lo que hace que un lector se interese por una historia es que pueda sentirse identificado con ella. Que piense que él actuaría como lo hace el protagonista o que, al menos, le gustaría hacerlo así. Pero como sabes, las personas tenemos defectos, rara vez somos un dechado de virtudes. Y además hacemos cosas banales, como desayunar, lavarnos los dientes o llamar a nuestro hermano. 

Así que asegúrate de que tu personaje tiene algún defecto, haz que dude, que sienta miedo o ira, que sea injusto. Porque tu lector también le pasa. Y muéstrale como una persona normal que hace cosas normales: se queda dormido viendo la tele o se le derrama la leche por la mañana. 

Como ves, estos cinco consejos son muy fáciles de aplicar y te aseguramos que con ello el interés del lector por tu protagonista se va a disparar. Está bien, puede que no se enamore de él perdidamente, pero seguramente sea el comienzo de una bonita amistad. 

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