Esta entrada será difícil de escribir. No porque no domine el tema, al contrario, quién mejor que yo para conocer el esfuerzo que conlleva estar detrás de Cafetera de Letras. Será difícil porque vengo a desahogarme, a explicarte el por qué estuve alejada las últimas semanas. 

Hace un tiempo te expliqué cómo nació este blog y qué significa para mí. Poco a poco creé un espacio que me hiciera sentir cómoda, donde pudiera compartir mis conocimientos y ayudar a otros. Vender mis servicios pasó a segundo plano: no me promociono llenando las redes sociales y los post de anuncios. 

Disfrutaba escribiendo para Cafetera de Letras. Me encantaba leer los comentarios y saber que mis palabras sirvieron de guía, inspiración o enseñanza. Muchos lectores se convirtieron en mis amigos: nos escribimos correos, nos enviamos cartas u obsequios, nos desahogamos y animamos mutuamente. Sin darme cuenta, este espacio fue un punto de encuentro donde podía conversar sobre el oficio de escritor con personas de distintas partes del mundo. 

He invertido tiempo, dinero y esfuerzo en crear esta plataforma. Y no, no me arrepiento. Aunque debo confesar que hace unas semanas me pregunté si valía la pena, si era necesario que continuara con este blog. Por una parte me sentí obligada a continuar: sé que tengo seguidores fieles que leen y comentan todo lo que publico. Pero tras las bambalinas, me desanimé por completo… Aquí algunos porqués: 
  • De la nada surgieron dos blogs, de mi misma temática, que publicaban lo mismo que yo he publicado (pero con otras palabras) y cuando hablé con las personas (a quienes ya conocía porque eran seguidores de Cafetera de Letras), no quisieron reconocer que me estaban plagiando. 
  • Recibí algunos correos donde se me exigía que trabajara ciertos temas. O sea, personas que me hacían un listado de todo lo que tenía que enseñarles para mejorar como escritor. Ni siquiera era una recomendación (las que aprecio y recibo con gusto). Y para colmo con ultimátum: si no lo hacía, dejarían de seguirme. 
  • Se me llenó el correo con escritores autopublicados que querían que yo promocionara sus obras para que se las compraran. Obviamente no leen este espacio, porque jamás he hecho eso (aunque tal vez pronto haga algo al respecto). Cuando les explicaba la situación, reaccionaban con insultos. 
  • Cada entrada publicada recibía miles y miles de visitas. Pero veía los comentarios y las veces en que se había compartido, ¡y eran poquísimos! No sé por qué, muchos preferían enviarme un mensaje casual al correo (parece pánico escénico). Lo único que siempre pido es comentar y compartir, y si no se hace... pensé que tal vez no se apreciaba mi trabajo.
  • Todas las semanas recibía un sinnúmero de mensajes donde me pedían ayuda para escribir algún cuento, ideas para una historia, reestructurar una novela, corregir o valorar un texto, etc. Pero querían que lo hiciera gratuitamente. Y aunque suene pedante, no me he matado estudiando y formándome como profesional para regalar mi trabajo. 
  • Comencé a recibir comparaciones con otros blogs o páginas de escritura donde también ofrecen servicios editoriales o cursos. Y este espacio es único porque me tiene a mí, que no voy copiando ni mirando lo que tienen otros para traerlo acá.
  • Muchos querían que organizara proyectos de escritura, pero nadie se ofrecía a ayudarme con la gestión. Es como si solo quisieran escribir y que yo me encargue de lo demás por amor al arte… 

No seguiré contando todo lo que me pasó en las últimas semanas porque me sulfuro. ¡Que conste!, esto lo he tenido desde mis inicios, pero casualmente. Los últimos meses mi correo comenzó a llenarse de disgustos, situaciones injustas, alegatos y exigencias. ¿Y que para colmo me plagien? 
Uff… Inhalo y exhalo. 

¿Acaso será difícil entender que no soy la esclava de nadie? Soy una persona, como todos. Tengo familia y amistades, salgo a trabajar como profesora y cumplo con mis obligaciones. Coordino mi tiempo para trabajar desde mi casa con los servicios editoriales que ofrezco. Tengo que hacerme constantes chequeos médicos. Estoy haciendo un posgrado. Y ofrezco mi tiempo libre para ayudar a niños y ancianos con talleres de escritura, ¡además de llevar el blog! 

No sé cómo rayos organizo mi tiempo, pero lo hago. Cafetera de Letras era para mí el momento de relajación. Disfrutar de mis pasiones: escribir mientras me tomaba un café. Contestar cada mensaje o comentario me tranquilizaba. Ayudar a otros en su proceso y que me agradecieran, me hacía sentir que estaba poniendo mi granito de arena. Todo lo que hacía para Cafetera de Letras me quitaba el estrés, me hacía respirar mejor, canalizaba mis emociones… me llenaba. 

Pero cuando nueve de cada diez correos fueron de personas que no valoraban mi trabajo, que esperaban mucho de mí sin dar nada a cambio, colapsé. Me desanimé por completo. Y para colmo pasé por muchas situaciones personales. Digamos que no fue el mejor momento y dejé de disfrutar el escribir para Cafetera de Letras

Escribir esa última frase me hizo soltar unas lagrimillas… y es que este espacio es mi lugar de catarsis. La escritura para mí es terapia. ¿Cómo llegué a eso? No lo sé, pero tuve que alejarme. Tenía que pensar en mí, volver a sentir que este espacio me aporta también a mí. No quería publicar por publicar (la calidad siempre se pierde). Así que me alejé del correo unas semanas y disminuí las publicaciones drásticamente. 

¡Y fue lo mejor que hice! Pude reconciliarme conmigo misma, con mi escritura. Pude reconocer lo que me aporta el blog a mí, reflexionar sobre el porqué lo creé. Estoy aquí para ayudar a otros en lo que me apasiona, pero sin que nadie me dé una pauta a seguir. Este es mi pasatiempo y no permitiré que vengan otros a echármelo a perder. 

Continuaré haciendo de Cafetera de Letras un espacio donde me sienta a gusto, donde comparta y aprenda con otros. Escribiré sobre lo que me dé la gana y cuando lo desee. Dejaré de lado a todas las personas tóxicas que quieren aprovecharse de mi trabajo. Y organizaré los proyectos que tengo en mente según la disponibilidad de mi calendario. 

No sé si alguna vez has pasado por esto, tal vez con tu escritura también. Si es así, tómate el tiempo que necesites para reconciliarte contigo mismo. Si dejas que tu pasión se convierta en estrés, angustia y problemas, dejará de apasionarte. Escribir es un acto hermoso (al igual que leer), y si algún día dejamos de hacerlo debe ser por decisión propia, no por causas externas. No permitas que nada ni nadie te desanime.

Y esta ha sido mi reconciliación, mi desahogo. Solo pretendo que veas que también soy persona. Estoy aquí para motivarte y ayudarte con tu escritura; pero no desalientes la mía. Hoy cierro el capítulo del desánimo y comienzo a escribir el de los nuevos proyectos. Retomo el blog con energía, dispuesta a continuar haciendo lo que me apasiona: escribiendo y ayudando a otros a escribir. 

¿Quieres ser parte de este proceso? Solo necesito que me hagas saber que estás ahí, que mis aportes te sirven. Recuerda que las puertas de este blog están abiertas para tus colaboraciones; sé que tienes mucho que enseñarme.

Ayúdame a continuar con este proyecto, pues de alguna forma también es tuyo.
¿Nos tomamos un café para sellar la reconciliación?

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