Seguro que, por lo menos, uno de estos diálogos interiores habrá pasado por tu cabeza en tu camino por la escritura:
  • Sácate esa idea de la cabeza porque no vas a poder con esto. 
  • ¿Habrá quedado bien escrito? ¿Estará bien logrado el personaje protagonista?
  • Deberé revisar el manuscrito por quinta vez porque no me cierra el final… algo le falta. 
  • Ya me lo habían anticipado: iba a tener mis días en blanco donde nada iba a poder escribir...
  • Necio, ingenuo, no aprendo más. No soy para escribir… ¿qué hago perdiendo el tiempo? 
  • Abandonar mi trabajo y mis estudios para dedicarme a la escritura ha sido una locura. Me lo advirtieron y no lo quise entender. Y aquí estoy, full time en el teclado y no genero ni un peso. 
  • ¿Quién va a comprar mi novela? Nadie, seguro que nadie…
  • Quizá deba dedicarme a otra cosa... 
¿Me equivoco? 

Si quieres afrontar a tu enemigo interior debes ser brutalmente honesto. Esto de las medias tintas y hacerse el despistado no vale, pues para encarar el tema se debe hacer acopio de ese lado honesto que nos invita a crecer, a trascender, a cruzar al otro lado del río. 

Quizá nadie nos haya cuestionado algo, ni siquiera ha existido un gesto que dé lugar a la duda, pero ahí vamos nosotros con nuestras mochilas invisibles que nos encorvan la espalda, nuestras arpías interiores que nos succionan la energía, y en una anémica existencia, nos ponemos límite para todo

Dudamos de los pasos que hemos dado hasta el momento, ponemos en tela de juicio las decisiones que hemos llevado a cabo, nos arrepentimos de lo hecho y también de lo que dejamos sin hacer. 

Aquí no se trata del otro. No es que podamos proyectar en nuestra pareja, familia o compañero de trabajo lo que no queremos reconocer en nosotros mismos. Esta es una guerra interior. Tú y tus temores. Tú y tus eternas dudas. Tú y tu obsesión por la perfección. Tú y la culpa que sientes al disfrutar de una actividad que quizá no sea tan redituable. Tú y la imposibilidad para asumir el riesgo que implica dedicarse, de lleno, a la escritura

Se requiere de cierta cuota de coraje, quizá algo de suerte, tal vez una suma de estar en el momento correcto, en el lugar indicado. También con el ánimo requerido y la motivación para ello. El compromiso y la valentía de sostener una nueva forma de pasar por esta vida, dejando huellas con la palabra escrita. 

¿Has tenido recientemente un diálogo con tu enemigo interior? ¿Has podido sentarte cara a cara con él? ¿Qué te ha dicho? ¿Cómo te hizo sentir? ¿Te sacó fuera de combate? Dime que no te permitiste colgar la pluma por una insinuación de este personaje ilusorio. 

Sí, tu enemigo interior es tu sombra. Habrás leído sobre ella alguna frase rimbombante, aunque sea en los muros de Facebook. Está conformada por varios elementos, sobre todo aquellos que no queremos reconocer en nuestra conciencia por ser aspectos desagradables o negativos. Como nos cuesta reconocer esos costados nuestros, los replegamos a un lugar donde no podemos reconocerlos y así va oscureciendo una parte nuestra; muy importante, por cierto, ya que sigue actuando aunque no nos demos cuenta de ello. 

No hay salud psíquica, estabilidad emocional o madurez sin que podamos integrar esta parte esencial. La clave no es anularla sino integrarla, dialogar con ella, reconocerla y hacer las paces con eso que seguro no está ni el 10 % de censurable de como nosotros la percibimos. 

Si quieres aprender a lidiar con el enemigo que llevas dentro y que no te deja crecer o manifestarte genuinamente como escritor, intenta seguir la siguiente estrategia: 
  1. Plantea un diálogo escrito con este: “Querido enemigo íntimo”… 
  2. Mantén un diálogo face to face frente al espejo. Anota aquello que te desagrada o te hace sentir mal para que puedas trabajar en ello después. 
  3. Ten siempre presente que es un diálogo. No permitas que tu enemigo tome las riendas de la conversación y la transforme en un monólogo, haciéndote sentir alguien inservible. Es muy hábil, así que no lo dejes monopolizar este intercambio. 
  4. Si disfrutas del arte por medio del dibujo, la pintura, el collage, la fotografía, etcétera, intenta hacer una serie de retratos en los que plasmes la emoción principal o el registro último que te dejó ese diálogo con tu enemigo. 
  5. Otra forma de exponerlo para que pierda cierto poder (se alimenta del silencio y la energía mental) es conversar con un amigo, compañero o nuestra pareja. Si otro actúa de espejo, podrás ver la sombra de una manera diferente, probablemente menos oscura. Además, esa otra persona te conoce bien, te ayudará a ver el otro lado de la moneda (ese que no logras ver por la oscuridad de tu enemigo interior). 
  6. Si, por último, ves que no puedes lidiar con tu sombra y te absorbe por completo, impidiéndote sacar a la luz tu potencial, aprovechándose de tu energía y dejándote con estados de depresión, sin que puedas emprender o sostener un proyecto de escritura nuevo, pide ayuda. Ve a terapia. Yo lo he hecho y lo sigo haciendo. Es un hermoso camino para conocer, cara a cara, a tu sombra.
Hagas lo que hagas, te sorprenderás al descubrir que, más que una enemiga, puede llegar a ser tu mejor amiga, la aliada que tiene todo aquello que no te animas a reconocer en ti. :)


Es normal que en algún momento salgan a flote todos esos enemigos y miedos internos que tenemos, y jueguen con nosotros como les da la gana. ¿Acaso no es eso lo que hacemos con nuestros personajes: ponerlos a luchar consigo mismos mientras están en medio de un conflicto más grande? 

Para lidiar con ellos debes enfrentarlos, conocerlos y aprender a reconocer cuándo están limitando tu creatividad, tu producción literaria. No puedes ser tú mismo quien frene tu crecimiento como escritor (ya la familia, los lectores, las editoriales, los colegas y un largo etcétera lo estarán intentando día tras día).

Este es tú momento. Sí, ahora mismo. No sigas posponiendo el encuentro con tu enemigo interno. Dialoga con él. Llega a un acuerdo. Jamás permitas que te haga colgar la pluma

Si quieres presentarnos a tu sombra, te veremos en los comentarios. :)

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Nota: Esta colaboración fue hecha por la psicóloga Ana Claudia Martínez. La puedes conseguir
en su Twitter (@anaclaudialicps), en Facebook o en su página web.