En estos días me llegó un correo de una escritora controversial en las redes. (No mencionaré su nombre para no darle promoción en este espacio). En su mensaje, se presentó y adjuntó su última novela escrita para que yo «disfrutara» de la lectura. No pidió nada a cambio; solo envió su trabajo para que yo hiciera lo que quisiera con él. 

Indagué más (soy demasiado curiosa) y resultó ser una escritora que regala sus novelas a todo aquel que se encuentre en la red y que esté de alguna forma vinculado con la lectura o con la escritura, desde usuarios de comunidades hasta blogs. Entra en las páginas web y envía su trabajo a cuanto correo-e se encuentra. 

Obviamente, muchos la han reseñado (hay miles de páginas que se dedican a esto) y a pesar de tener pésimas críticas, a pesar de que algunos catalogan su obra como mediocre, con poca calidad literaria, denigrante y un largo etcétera, genera muchísimos comentarios ¡y algunos son positivos! 

Tiene a sus espaldas una larga lista de lectores que apoyan y defienden su trabajo; gente que la considera una piedra en bruto, una mujer que rompe esquemas y paradigmas, alguien capaz de renovar la literatura escrita por mujeres en la actualidad. (A este punto comencé a cuestionarme la «calidad» y el gusto de estos lectores). 

Apuesto a que tienes curiosidad. Yo no pude evitarlo y abrí el documento que me adjuntó en el correo. Leí la primera y la última página. Y observé todos los dibujos que acompañaban el texto, además de leer los títulos de los capítulos. Fue suficiente para sentir asco. Jamás leería su obra por placer. Y profesionalmente hablando, no aceptaría corregir o trabajar con sus textos (debo admitir que tengo mis límites, y ella los sobrepasó). 

Su obra, al menos la que me envió, carecía de corrección, abusaba del cliché, tenía una escritura incoherente y un lenguaje vulgar, sin tino… figurativamente vomitiva. Lo peor fue la forma en que abordaba las temáticas (sexo degenerado entre un viejo y una niña, uso de la mujer como objeto sexual, abuso de poder –con sexo, claro está– entre curas y feligreses). 

Para colmo pretende ser erótica y no es más que una descripción distorsionada y enferma de lo que es el acto sexual. Y no es que me haya convertido en mojigata, pero no confundamos peras con manzanas… 

En fin, que todo esto me hizo pensar en su forma de promocionar su obra (regalando su trabajo) y en todos los halagos y comentarios positivos que ha recibido (la gran mayoría, por no decir todos, de hombres). Hasta me causó preocupación: envía ese tipo de contenido, con imágenes fuertes, a cualquier correo-e. ¿Les estará enviando esa basura a los menores de edad que tienen sus blogs de reseñas o de escritura? No lo sé, pero sería muy irresponsable de su parte… 

También reflexioné sobre la forma en que los escritores abordamos ciertas temáticas prohibidas o censuradas. No es lo mismo que censures tu propia escritura a que la censure el público. Como escritor te puedes negar a escribir sobre ciertos temas, ya sea por desagrado o por el qué dirán. Pero cuando son los lectores los que te censuran, ahí es otro cuento. 

Quiero que sepas que hay algunos contenidos que tienden a prohibir en las páginas web o que el público en general tiende a rechazar (a menos que estén justificados en la obra y que estén trabajados con mucho tacto y calidad literaria). Te aconsejo tenerlos en cuenta para que no vayas a cometer el error de abusar de estos o de desarrollarlos sin precaución, pues no creo que quieras ser reconocido en la web como un escritor mediocre. 

Temáticas prohibidas y/o censuradas en la web 

  1. Pornografía. El contenido que solo tiene el fin de excitar mediante un lenguaje explícito. (No confundir con erotismo).
  2. Pedofilia. Cualquier contenido que sexualice a menores de edad, sobre todo si son menores de 16 años.
  3. Violaciones. Glorificar o promover las relaciones sexuales no consentidas. 
  4. Discursos de odio. Promoción activa de repudio contra ciertos grupos por razón de raza, etnia, religión, género, orientación sexual, discapacidad, etcétera. 
  5. Abuso y acoso cibernético. Llevar personajes de la vida real (personas que conocemos) a la ficción para mofarnos, humillarlos, denigrarlos...
  6. Autolesiones y suicidios. Cualquier contenido que apoye y exalte estos actos. 

No es que no puedas desarrollar alguno de estos temas en tus textos, es que tengas tacto al momento de hacerlo y sobre todo que no estés promoviendo contenido ilegal, inmoral o inapropiado. 

Tú que lees este blog con la intensión de crecer como escritor, por favor, presta atención a lo que digo. Sí, puede que genere polémica, y no tienes que estar de acuerdo conmigo. Pero si consideras que sé un poco más que tú sobre el mundo editorial, sigue mi consejo. 

Podemos transformar o destruir con la palabra (escrita y hablada). Tengamos cuidado con las temáticas que abordamos y la forma en que lo hacemos. Seamos conscientes de que no todo contenido es apto para todo público. Y evitemos transgredir la fina línea entre escribir literatura y promover actos ilegales e inmorales.

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