Hay preguntas sin respuesta, porque no la tienen o porque no la queremos. En la escritura, hay un recurso que tiene que ver con esto: la pregunta retórica o poética. Y su objetivo es provocar una reflexión en el lector. Pablo Neruda es experto en esto: 
  • ¿Si todos los ríos son dulces, de dónde saca sal el mar? 
  • ¿Cuál es el pájaro amarillo que llena el nido de limones? 
  • ¿Cómo se llama la flor que vuela de pájaro en pájaro? 
  • ¿Quiénes gritaron de alegría cuando nació el color azul? 
  • ¿Por qué no enseñan a sacar miel del sol a los helicópteros? 
  • ¿Y cómo saben las raíces que deben subir a la luz? 
  • ¿Cuántas abejas tiene el día? 
  • ¿Es paz la paz de la paloma? 
Al leerlas, puedes tener dos respuestas: o reconoces que no sabes nada o te pones creativo y te inventas una «poéticamente» correcta. Me gusta más la segunda opción; un escritor debe ser capaz de inventarse una breve historia con cada pregunta. Y si te pidiera que hicieras el ejercicio, ¿serías capaz? 

Centrémonos en la reflexión. El lector quiere que le provoquemos algo y, si somos listos, intentaremos que su lectura sea una montaña rusa de emociones y reflexiones. Y es con los protagonistas que lo podemos lograr. Son ellos los que hacen que el lector llore, ría, suspire… y hasta se pregunte el por qué no lo pensó antes. 

Como escritor, puedes utilizar la pregunta retórica para añadirla a un diálogo (o monólogo) y provocar que el lector piense más allá. «¿Qué es la vida?»… es una pregunta profunda que ha quedado en nuestro subconsciente (así no hayas leído la obra) y tal vez nunca la hemos contestado de verdad. Preferimos responder «La vida es sueño», y lo es. 

Ahora intenta hacer tuya una de estas preguntas y transfórmala. Crea preguntas nuevas que puedas utilizar en tus futuros escritos. 

¿Dónde está el niño que yo fui, 
sique adentro de mí o se fue? 
¿Sabe que no lo quise nunca 
y que tampoco me quería? 
¿Por qué anduvimos tanto tiempo 
creciendo para separarnos? 
¿Por qué no morimos los dos 
cuando mi infancia se murió? 
¿Y si el alma se me cayó, 
por qué me sigue el esqueleto? 
Neruda se hizo este tipo de preguntas durante toda su vida y las fue acumulando en sus cuadernos. Le ayudaron a generar ideas para seguir escribiendo sus poemas, para reflexionar sobre los temas que quería plasmar en sus escritos. Y luego de su muerte, a alguien se le ocurrió tomar todas estas preguntas y publicar un libro. :)

Lo que provoca una pregunta retórica nos debe importar como escritores, pues no solo nos ayuda a idear posibles escritos, sino que nos hace pensar en cómo responder estas preguntas de forma creativa; y si las aprendemos a utilizar bien, hasta podemos provocar una reflexión tan grande como la que aún nos invita Calderón de la Barca, y es que «todo en la vida es sueño / y los sueños, sueños son». ¿A poco no? 

Te invito a que de hoy en adelante, en tu cuaderno de apuntes e ideas, comiences a acumular tus propias preguntas literarias. No sabes cuándo las vas a necesitar… 

¿Qué es la vida de un escritor sin ideas?

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