La corrección comienza justo después de escribir ese preciado «Fin». Leemos cuidadosamente la historia en varias ocasiones buscando incongruencias, errores y horrores. Y cuando por fin hemos terminado esta etapa (un escritor que no reescribe y corrige no es escritor), decidimos:
          a) publicar el texto,
          b) enviarlo a una editorial o
          c) guardarlo en un cajón. 

Hay otra opción que prefiero recomendar: enviarlo a un lector beta, también conocido como lector cero. Antes de que tu historia vea la luz, debe pasar por el ojo examinador de una persona con juicio crítico y literario, que sea capaz de ver lo que tú no viste.