Tal vez te has preguntado por qué la Cafetera dejó de servir Letras hace tantos meses. Quizá me enviaste un mensaje o dejaste un comentario reclamando (preocupado) por la inactividad. Y lo más probable es que cuando volví a encender los motores el mes pasado en el Facebook, tomaste la noticia con cierto recelo.

Sea como sea. El punto es que estoy de vuelta. Llené la cafetera de ideas, proyectos, conceptos, y la puse a funcionar. Ya comienzan a oler el café y las letras. Hoy se retoma el aprendizaje. Vuelvo con energía, con unas ganas increíbles de dedicarme a esta pasión.

Pero primero debo explicar el porqué de mi ausencia…

Fuera de este blog, soy una mujer como cualquier otra, es decir, tengo que trabajar por un sueldo, hacerme cargo de las responsabilidades de la adultez y cumplir con mi familia. A todo eso le añado cuestiones de salud, intereses personales, metas académicas, el blog…

Pues bien. Mi esposo y yo tomamos la decisión de dejar de arrendar y comprarnos nuestra propia casa. Eso significó comenzar a ahorrar para cubrir los gastos. Vimos una oportunidad y no la desaprovechamos.

Inicié el año 2016 con trabajo hasta para regalar. De lunes a viernes (por 10 hrs.) era profesora de lenguaje y filosofía. Y por aquello del ahorro, acepté hacer clases nocturnas en un colegio de adultos, así que los miércoles y jueves trabajaba 14 hrs.

Para rematar, seguí trabajando de forma freelance, aceptando hacer correcciones, redacción de textos, informes de lectura… y publicando en el blog mientras podía.

¿Te conté que también comencé a estudiar un magíster? Pues sí. Los viernes en la noche y los sábados (todo el día) estaba en la universidad. Entenderás que además de ir a clases, tenía trabajos que hacer, lecturas que comprender, reuniones a las que asistir… y comenzar desde el inicio con mi proyecto de investigación: elaborar un programa de inclusión de inmigrantes para el sistema educativo chileno.

¿Y qué me queda? Utilizar los domingos para seguir trabajando en lo pendiente, hacer el aseo del hogar, lavar ropa, comprar lo necesario, prepararme para la semana… y todo esto sin desatender a mi esposo, a mi familia y amistades, pero sobre todo, a mí misma.

Apuesto a que ya estás agotado… Ahora que lo dejo escrito, yo también me pregunto cómo rayos lo hice sin morir de un ataque al corazón.

Y llegó la noticia… nos salió la casa. A mediados de año nos la entregaron e inició el proyecto de nunca acabar. Que si mandar a hacer el cerco (por aquello de la protección). Después una ampliación, pues me negué a tener el laundry dentro de la casa y necesitábamos una leñera. Trabajar la tierra. Limpiar. Mudarnos. Ordenar y desempacar. Amueblar la casa. Instalar la combustión (para el fueguito de invierno). En fin… trabajo hasta la explotación y gastos que dejan el bolsillo de pena. ¡Y todo esto sin podernos tomarnos ni un día libre en el trabajo!

A este punto tuve que dejar mi trabajo nocturno, pues me complicaba el regreso a mi casa. Nos transportamos en sistema público y después de las 22:00 hrs. deja de funcionar. (Y por si te lo preguntas, sí, es horrible el transporte público, sobre todo en invierno, donde no para de llover durante meses).

Obvio, seguí en el trabajo de tiempo completo. Solo que ahora me tomaba casi dos horas en llegar. Todos los días perdía cuatro horas en mero transporte (mi casa queda ahora más lejos). Y aunque me dieron muchas ganas de comprarme un auto, aún no se da esa oportunidad.

Entonces un día fui a comprar pan en mi bicicleta y no llegué ni a la esquina. Perdí el conocimiento y terminé en el suelo, desmayada. Frené con toda mi cara. No sé cómo no se me rompieron los dientes. Reaccioné sin saber dónde estaba o quién era. Mi esposo dice que parecía una escena de CSI con mi cuerpo tirado en el suelo.

¿Y qué me pasó? Anemia crónica. Estuve dos semanas en un tratamiento súper doloroso (bebiéndome las lágrimas), donde me inyectaban hierro a la vena. Y funcionó. Mejoré considerablemente en todos mis exámenes. Ahora soy una Wonder Woman (ni para tanto).

Para este tiempo, además de mi trabajo como profesora, había aceptado otro cargo en el mismo establecimiento educacional: coordinadora del área biopsicosocial. O sea, más trabajo por las mismas horas y sueldo. Pasé el segundo semestre del año entre citas médicas, el trabajo, los estudios y las responsabilidades del hogar y la familia. Mi salud me exigió dormir mis 7-8 horas diarias y alimentarme cada 2-3 horas. El blog tuvo que pasar a otro plano…

Pero no todo fue estresante y caótico. Adoro hacer clases. Aprendo mucho de mis estudiantes. Me hacen reír. Me motivan a dar lo mejor de mí. Mi práctica docente va desde lo profesional hasta lo humano, y eso me hace llegar a ellos de forma significativa. Al finalizar el año académico, comprobé (y no son simples notas) que logré impactarlos, que aprendieron.

En el magíster conocí a cuatro personas que se convirtieron en mis grandes amigos. He encontrado en ellos un apoyo; gente inteligente con quien estudiar, debatir y salir a comer algo rico. Y no me quejo de mis calificaciones: me fue excelente el primer año.

Sin embargo, tuve que enfrentarme a los prejuicios de ciertas personas contra los inmigrantes. Tal vez pueda hablar sobre esto en otro momento… Solo diré que es feo sentirse discriminado o tener que soportar algún comentario despectivo porque otra persona no es capaz de convivir con la diversidad.

Así que profesionalmente, me sentí bastante realizada. Incluso solicitada en mis servicios freelance. Y qué decir de mi entorno familiar… con miles de proyectos y aventuras con mi adorado tormento: mi esposo, a quien amo un mundo y le agradezco por todo su apoyo y comprensión.

Pero el agite del año se manifestó en el último mes: fui sometida a mucho estrés y tuve que tomarme una licencia médica. Esto se convirtió en la excusa perfecta para que me despidieran… a pesar de haber cumplido con todo, de no tener evaluaciones negativas, de llevarme bien con los colegas, de no tener atrasos ni amonestaciones, de…

¡Qué más da! Tenía contrato hasta febrero de este año; solo debía conseguir otro. Comenzaban las vacaciones de navidad y verano. Así que para liberarnos de todo el estrés, por fin nos dimos nuestras merecidas vacaciones. ¡Me fui un mes para Puerto Rico con mi esposo! Desaparecimos. Desconectamos.

Después de 3.5 años, pisé de nuevo tierra boricua. Vi a mi familia. Abracé a mi mamá. Turisteé por todos los rincones. Hice desde senderismo hasta surf. Compartí con viejas amistades. Comí hasta la saciedad. Recordé lugares, olores, sensaciones, sabores… Le presenté a mi esposo el país que me vio nacer…

…y nos enteramos de que estoy embarazada. :O

¡Sí! La Cafetera tiene en el horno un bizcochito. Esta semana cumplimos cuatro meses. Todos los exámenes médicos han salido bien. ¡Sin anemia! Es bastante inquieto y no se quiere dejar ver. Sus papis están contentos (y asustados) con su llegada. Y desde que nos enteramos le decimos Coquí.

Así que llegué a Chile a poner en orden mi vida este 2017. Conseguir trabajo en este país estando embarazada es misión imposible. Pero luego me enteré de que la ley protege y que tengo fuero maternal por dos años. Eso me hizo respirar profundo y tranquilizarme… pues es una estabilidad económica que ahora, más que nunca, necesitaba.

Pero no. Me reincorporé al trabajo luego de las vacaciones y, a pesar de ser bien recibida por todos los colegas, los directivos me demandaron para intentar desaforarme y despedirme. Hicieron de mis primeros días un desastre.

No quiero hablar mucho sobre el asunto… solo diré que la situación me provocó un colapso nervioso. Se me paralizó todo el lado derecho del cuerpo con contracturas. Comenzó la ansiedad, el insomnio, las pesadillas, el llanto… La presión psicológica me hizo somatizar. Así que la recomendación médica fue alejarme de mi trabajo, pues me seguirían haciendo la vida de cuadritos y todo esto afecta mi estado.

Por mi salud física y emocional, por mi bebé, debo permanecer alejada de ese contexto.

Mi psicóloga me recomendó comenzar nuevos proyectos y como al principio tuve que reposar bastante, devoré libros y comencé a corregir algunos escritos. Además, inicié el segundo año del magíster, donde aplicaré mi proyecto de investigación. También me dediqué a mi huerta: tengo papas, calabaza, ajo, cebollín, cilantro, tomate, ají dulce, recao, hierbas medicinales…

Y mi esposo me aconsejó (muy seriamente) retomar mi Cafetera de Letras. Este proyecto que dejé de lado unos meses. Durante todo este tiempo siempre le conté lo mal que me sentía por haberlo abandonado. Pero era eso o de plano no tener vida.

Así que seguí su consejo. Quise volver en marzo, pero tardé en recuperarme de la espalda. Por eso lo dejé para abril. :)

Ya que voy a tener la oportunidad (y el tiempo), quiero continuar apoyándote en el camino de la escritura (quizá en otras áreas también). Quiero por fin lograr mi sueño de monetizar el blog y vender cursos, programas, servicios… quiero organizar nuevos proyectos que nos hagan vivir y respirar letras. Quiero demostrarte que este sueño del “oficio de escritor” puede hacerse realidad.

Y para comenzar con todo esto… tenía que explicarte el porqué de mi ausencia. Porque si algo caracteriza este espacio es su humanidad. Soy un ser humano igual que tú, con problemas y situaciones, pero que no se deja vencer y sigue luchando por sus sueños. Y no solo eso, sino que pretendo ayudarte a que tú también logres los tuyos… pues de nada sirve llegar a la meta y no tener con quien compartir tus logros.

Así que pido disculpas por haberte abandonado durante este tiempo. Te pido que me ayudes a avanzar. Que si te gustan mis aportes, los comentes, los compartas… que seas parte de esta Cafetera sin importar las complicaciones que tengas. Hagámoslo juntos.

Personalmente, me comprometo a publicar un post a la semana los días martes (iniciamos hoy). De no hacerlo, por la razón que sea, dejaré aviso en el Facebook. Los días jueves serán para las colaboraciones. Debo decir que perdí las que tenía guardadas en la nube (problemas de sincronización), así que si enviaste una que no ha sido publicada, te agradeceré que me la hagas llegar de nuevo. Y si quieres escribir para Cafetera de Letras, las puertas siguen estando abiertas.

Ahora solo me queda agradecerte por haberte dado el tiempo de leer todo esto y también por continuar siendo parte de esta comunidad de aprendices de escritor. Por la confianza, por el apoyo, por las palabras…

No olvides dejarme un comentario: me encantará leerte. Y si tienes alguna propuesta, idea, consejo, petición, etc. para el blog… es el momento de hacerla. Sobre todo, me ayudaría mucho saber si te interesaría adquirir algún curso mío y sobre qué temática te llama la atención.

Me despido con un gran abrazo y, esta vez, con una taza de chocolate (he limitado el consumo de café por el embarazo, pero no le cuentes a nadie).

Que las letras te acompañen. :)
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