Escribo todos los días, pero no siempre es literatura. La mayoría de las veces son recuerdos, anotaciones, correos, cartas, desahogos, ideas… o tonteras. Es lo que llamo la escritura del “yo”, a la cual le encuentro en ocasiones más sentido que a la escritura literaria.

En el mundo editorial se aborda desde las autobiografías. También se incluyen los diarios de vida e incluso las cartas que algunos famosos se enviaron con amigos o familiares. Estos textos se han desarrollado en respectivos géneros literarios, llegando a copar algunas librerías.

Y es que por alguna extraña razón (o por curiosidad innata del ser humano), nos gusta conocer la vida íntima del otro. Detestamos los chismes, pero si nos cuentan uno, paramos la oreja. No podemos evitarlo. De alguna forma, siempre caemos.

Pero alejándonos un poco de las autobiografías, diarios y epístolas de personajes ilustres, textos que nos ayudan a conocer su forma de pensar o actuar, a comprender el mundo en que vivían, nos seguimos quedando con un tipo de escritura al cual no le prestamos la suficiente importancia si se trata de nosotros. ¿O me equivoco?

No me centraré en la escritura terapéutica, pues ya hemos hablado de eso. Tampoco te motivaré a escribir tus memorias (a menos que quieras hacerlo). Lo que deseo es que conozcas cómo la escritura de tu “yo” te puede ayudar en el día a día.

Con esto del embarazo, los médicos quisieron saber todo mi historial clínico. Les dije lo que sabía ¡y hasta lo que sospechaba por culpa de San Google! Pero luego le conté a mi mamá y me habló de una alergia, una intervención ambulatoria, un mal diagnóstico y mil cuestiones más. Sacó sus agendas (guardadas anualmente desde antes de mi nacimiento) para decirme el día y el año de cada cosa.

Esa mujer anota en su agenda lo habido y por haber de ella, sus 5 hijas, 5 nietos (incluido el que viene en camino) y algún otro familiar, como mi abuela. ¿Quieres saber cuándo ganaste un premio o reconocimiento?, ¿qué medicamentos te recetaron o tus vacunas?, ¿cuál fue tu primera mentira o palabrota? ¡Pregúntale a ella!

¡Ah!, pero eso no queda ahí… si olvidaste tus datos personales (cédula de identidad, certificado de nacimiento, licencia de conducir), información de cuentas de banco, contraseñas o hasta los datos de tu pareja… ahí está ella. Lo busca en su agenda y te saca de cualquier apuro. ¿A que da miedito?

La escritura del “yo” de mi mamá es un registro diario de datos importantes. Es como si llevara su biografía y la de sus retoños. Sin darme cuenta, caí en su juego…

Coquí podrá preguntarme cuando sea grande qué día y cómo me enteré de su embarazo. Sabrá lo que sentí al recibir la primera patada. Y hasta podrá conocer todos los posibles nombres que se nos han ocurrido a su padre y a mí.

Pero verificando en mi agenda (y cuaderno) estos detalles, me di cuenta de que también anoto:
  • Ideas literarias
  • Libros leídos y comentarios
  • Avances en la escritura
  • Correcciones de textos
  • Cartas que recibo y contesto
  • Reflexiones sobre sucesos
  • Trabajos que realizo por encargo
  • Días de ocio
  • Planes diarios (cosas por hacer)
  • Posts del blog
  • Frases célebres o importantes
  • Futuros proyectos
  • Escritos no literarios
  • Bosquejos de futuras historias
  • Ingresos y gastos
  • Películas, documentales y series que veo
  • Ocasiones memorables
  • … y hasta problemas o discusiones

Anotar me ayuda a recordar. Pero también me sirve para volver atrás y recuperar ideas de escritura o avanzar en ciertos proyectos. Puedo tomar mis agendas de años anteriores y descubrir como he evolucionado: mi forma de pensar, sentir, actuar… ¡de escribir!

Pero no te creas que todo lo escribo en una agenda. Cuando necesito desahogarme, reflexionar sobre un tema, escribirme algo a mí misma, desarrollar una idea… lo hago en otra libreta. Tengo una (o varias) por año. A veces sirve de diario de vida y otras me ayuda a divagar. En la mayoría de los casos son personajes inventados, conflictos o ambientaciones, ideas que me gustaría elaborar en el futuro (o que necesitaré cuando me quede sin ideas).

También tengo otra libreta donde escribo los trabajos por encargo, comentarios de textos leídos para informes de lectura, planificaciones de clases y hasta los posts del blog. Luego transcribo al PC, mientras edito y corrijo. Cuando ya están debidamente respaldados, esos papeles me ayudan a iniciar el fuego los días de frío (8-9 meses al año en Chile).

Como ves, la escritura de mi “yo” me ayuda en el día a día, pero sobre todo lo hará en el futuro. No solo es un registro de lo que hago; son mis sentimientos, reflexiones, ideas… Es una forma de organizarme, de conocer mis avances, de ser productiva, de crecer.

Quién sabe si cuando llegue a la tercera edad (porque espero llegar), me ayude a escribir mi autobiografía. ¡Ojo! que también guardo todas las cartas que recibo (escaneo las que envío) y tengo un álbum de postales o notitas que me han dado mis alumnos.

Tal vez para ti sea una acumulación de papeles, una pérdida de tiempo y espacio. Pero yo le he encontrado su uso, y hasta me sirve para ordenar lo que tengo que hacer. Al fin de cuentas, escribir sobre tu “yo” no puede ser una tontera (a menos que pienses eso de ti).

Mi interés con este post es que valores tus sentimientos, reflexiones y pensamientos, que le des un espacio a las ideas o historias que se te ocurren.  Tal vez puedas llevar un diario de vida (que no es una cursilería de niños) o quizás quieras anotar todo en un archivo de Word (yo, por ejemplo, tengo uno donde anoto todo lo referente a mi duelo migratorio).

Sea la razón que sea, escribir sobre tu “yo” te hará conocerte a ti mismo. Solo asegúrate (si tienes temor de que alguien te lea) de guardar todo con contraseñas, llave, candado o en un lugar donde otros no puedan encontrarlo. Mira que comencé diciéndote que el ser humano no puede evitar inmiscuirse en la vida del otro.

Quien sabe… tal vez en unos años seas tan famoso que muchos quieran pagar por leer lo que dijo tu yo actual.

¿Conocías este tipo de escritura?
¿La practicabas sin saberlo o piensas comenzar ahora?

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