Hay algo que es seguro: hacer una recomendación literaria no suele ser un ejercicio fácil. Ya sea porque no conocemos demasiado bien a la persona destinataria de nuestra opinión, o bien porque estamos lanzando una recomendación al aire, sin saber quién la terminará leyendo.

Apreciar distintos libros es un sentimiento parecido a apreciar diferentes películas o grupos de música: depende de nuestra personalidad y de nuestros gustos, de los criterios que seguimos para encontrar valor a una obra... y de muchos otros factores.

El primer paso esencial para una buena recomendación es poder explicar, a grandes rasgos y sin revelar nada esencial, de qué va la trama y con qué personajes o situaciones clave te vas a encontrar. Una sinopsis rápida es la primera toma de contacto que puede atraernos como lectores y abocarnos a una nueva lectura: un escenario determinado que nos parece sugerente, un personaje con el que empatizar, una trama o un hilo de pensamiento que parece lo suficientemente interesante…

Es posible que alguno de todos estos elementos baste para llamar la atención de una persona y convencerla de que, probablemente, tu recomendación será la adecuada. Pero también cabe la posibilidad de que nada de esto sea suficiente, puesto que los libros son mundos tan amplios que no deberían poder ser resumidos o enclaustrados en una somera descripción. Por eso, muchas veces, las recomendaciones fallan.

Es cierto que hay personas mucho más flexibles a la hora de aceptar recomendaciones, pero también hay muchas otras con unos gustos más “estrictos” o cerrados, que no aceptarán cualquier tipo de recomendación. Y después está -tenía que estarlo- otro factor que a menudo olvidamos pero que también juega su papel: nuestro estado de ánimo.

Existen rachas en que, si nos encontramos anímicamente felices, necesitamos hallarnos en sintonía con aquello que leemos. Y también existen temporadas más desdichadas en las que buscamos lecturas donde acabar hundiéndonos del todo. Pues la psicología también cuenta a la hora de aceptar una recomendación; es lógico pensar que, si nuestro puesto de trabajo es muy estresante, necesitaremos lecturas ligeras para no pensar más, o que, si tenemos ganas de poner a prueba nuestra mente, optaremos por obras más reflexivas y que supongan un reto.

Lo dicho: recomendar no es sencillo. Igual que los libros, las personas somos muy distintas las unas de las otras. Incluso hay quienes no han llegado a descubrir todavía el placer de la lectura (en cuyo caso habría que aplicarle un protocolo de emergencia con recomendaciones clásicas e infalibles). Sin llegar a casos extremos, lo cierto es que a veces cuesta dar en el clavo.

Cuanto más sepamos sobre las personas, sus gustos y cómo se encuentran, más fácil será dar con esa recomendación que realmente que agradezcan. Por esa razón tienen tanto éxito las webs de recomendaciones de libros: volcar el conjunto de tus lecturas pasadas en un mismo espacio permite saber qué han leído otras personas a quienes les gustan lo mismo que a ti. Incluso puedes escoger qué tipo de libro te apetece que te recomienden; pues más allá de las típicas etiquetas de género, es posible filtrar mucho por estados.

 Nota: Esta colaboración fue hecha por Oh! Libro.