Estoy dispuesta a hacerles una apuesta considerable (y eso que no soy fan de los juegos de azar) a todos los apasionados por las letras que tienen el sueño, deseo o profundo anhelo de dedicarse y vivir de su escritura. Yo, que desde pequeña asistí a talleres literarios, hacía llorar a familiares y amigos con cartas y era la encargada de redactar todos los trabajos en la escuela, no descubrí que podía dedicarme a esto hasta que tuve que elegir una carrera universitaria y, sencillamente, no sabía hacia dónde disparar.

Pero el caso es que, con estudios a cuestas, necesitaba también trabajar. Había empezado una licenciatura en Ciencias de la Comunicación y publicaba artículos semanales en un periódico de mi ciudad. A esto, sumé varios empleos extras, como cuidar niños o trabajar en tiendas de ropa.

Hasta que busqué en Internet cómo trabajar y ganar dinero escribiendo. La respuesta apareció en apenas unos segundos y el cúmulo de información me deslumbró: había de todo, las opciones parecían miles, pero tenía que organizarme e ir de a poco. Al mes, empecé a escribir para una empresa de redacción para sitios web y desde ahí en más, hasta ahora, soy una freelancer que escribe.

¿Una qué? O. K., empecemos de nuevo. Un freelancer es un profesional con conocimientos, habilidades y experiencia que ofrece sus servicios de manera autónoma a empresas, emprendedores o personas particulares. La principal característica de estos profesionales es que tienen flexibilidad de horarios y lugares desde donde trabajan.

El trabajo freelance se asocia mucho al entorno cibernético, pero no todo se hace siempre en la web, a pesar de que lo digital juegue un rol importante y sea de mucha utilidad (por ejemplo, la posibilidad de comunicarse vía Skype, por mail o montar un sitio web de presentación para los servicios).

Los freelancers pertenecen a muchos y variados rubros: hay desde diseñadores gráficos o traductores, hasta programadores, asistentes virtuales o asesores legales. Por lo que también es una excelente opción para los escritores.

Ahora bien, entiendo que quizás te estés preguntando qué hay que hacer para empezar y, sobre todo, cómo vas a ofrecer tus servicios. Así que aquí te dejo tres pasos para definir tu oferta como escritor freelancer y organizarte para comenzar:

1. ¿QUÉ SERVICIOS VAS A OFRECER?

Es lo primero en lo que tienes que pensar: ¿qué vas a ofrecer?, ¿a qué te vas a dedicar?, porque esta será tu carta de presentación. Por ejemplo, puedes ofrecer servicios de redacción para sitios web o blogs, pero quizás también quieras agregar que tienes los conocimientos y habilidades para encargarte de correcciones o traducciones.

Te aconsejo definir primero una categoría global y luego pensar en dos o tres categorías menores. En otras palabras, te especializas en un servicio y, además, ofreces otros afines. Siguiendo este ejemplo, puedes ser un redactor de contenidos digitales y, a su vez, ofrecer correcciones de textos, traducciones del español al inglés y gestión de redes sociales. O tal vez puedes diversificarte en temáticas de redacción…

Eso sí, tienes que tener en cuenta que sea cual sea el servicio que ofrezcas, debes tener experiencia (o al menos formación) en ello. No ofrezcas aquello que no puedes dar.

2. ¿CUÁNTAS HORAS VAS A TRABAJAR?

Otro paso primordial es definir tu carga horaria para no caer después en la encrucijada de tener más encargos o trabajos por hacer de los que realmente puedes manejar. A mí, como freelancer, me cuesta decir que no por miedo a perder un cliente o por no dejar pasar la oportunidad. Pero a veces es necesario declinar una propuesta y respetar el horario que tienes disponible para trabajar, pues es mejor cumplir con un encargo que fallar en dos.

Además, ten en cuenta tus tiempos de descanso, de ocio, de cumplir con tus obligaciones o responsabilidades, de compartir con tu familia, e incluso de otros posibles trabajos o estudios.

Por esto, define objetivamente tu carga horaria. Pueden ser cuatro horas por día si ya tienes un trabajo a medio tiempo o, si estás empleado a tiempo completo, dedicar un par de horas los sábados. También considera el tiempo que te tardas en hacer cada encargo: si necesitas documentarte, leer otros textos, escribir, corregir, etcétera.

Nadie mejor que tú conoce tus horarios y posibilidades, así que piénsalo y déjalo definido de antemano. Mejor aún si logras establecer un calendario de trabajo freelance.

3. ¿CUÁNTO QUIERES GANAR?

Este punto dependerá de para qué quieres ser un freelancer. Si estás desempleado y necesitas generar ingresos, seguramente querrás ganar más dinero que quien lo hace como un extra para lograr un objetivo puntual, como ganar experiencia.

Ante todo, sé sincero contigo mismo. No tengas miedo de decirte que necesitas determinada suma de dinero solo porque te parece que es mucho, demasiado ambicioso o que no lo vas a conseguir. Saber lo más certeramente posible qué y cuánto necesitas es el paso principal para alcanzarlo. Así que date la oportunidad de transformar esa cantidad en un objetivo.

Esto te ayudará a ponerle precio a tus servicios. A veces lo más recomendado para iniciar es establecer cuánto vale tu hora de trabajo. Si, por ejemplo, tu hora vale $10.00 USD y te encargan la escritura de un artículo que te toma 2.5 horas terminarlo (en todas sus partes), el costo del mismo sería de $25.00 USD. ¿Se entiende?

Resumiendo: para iniciarte como escritor freelance, define los servicios que vas a ofrecer, las horas que vas a trabajar y el dinero mensual que necesitas o quieres ganar.

Tomate el tiempo necesario para responder cada pregunta y sé lo más sincero posible. Te espero en el próximo post para conocer qué estrategias utilizar al ofrecer tus servicios y encontrar oportunidades de trabajo dentro y fuera del internet.

 Nota: Esta colaboración fue hecha por Clara Trillini.
La puedes conseguir en su sitio web.