En algún momento de nuestras vidas, algo ocurre en nosotros que nos invita a sumergirnos en el mundo de las letras. No podemos evitarlo, tenemos que hacerlo aunque sea en cualquier oportunidad. ¿Qué lo causa? Las respuestas pueden variar. Es como si observáramos, absortos, un níveo pétalo de oca y Eros se complaciera en lanzarnos una flecha de oro al corazón.

A mi parecer, esto se debe a la vocación, mas la aptitud se forma. Algunos hacedores escribían en su infancia; otros empezaron a crear mundos letrados por pasatiempo… En fin, una cosa lleva a la otra y ya no podemos librarnos de las garras de fuego que nos motivaron a inventar sin detenernos. 

Algo así me sucedió. Escribía cuentos en la primavera de mi vida, hasta los ilustraba. Abandoné aquello y un par de años después retomé el arte de escribir. Tomé un áureo cuaderno. Empecé una novela tan mala que la deseché, aunque no debí, por supuesto. 

Centré toda mi atención en la segunda historia con la que formé un vínculo irrompible. Tengo que confesar que estaba en un mal momento. Eso reforzaba mis ganas de escribir. Entonces la terminé y comencé a redactar nuevos proyectos. Todo era un supuesto juego para mi visión infantil… No tenía la intención de publicar, solo era una niñita que escribía y leía sus historias para divertirse cuando no había Internet. 

Ese entretenimiento ficcional se convirtió en un anhelo irrefrenable. Ya no podía parar. Eros me disparó la pasión por las letras en forma de saeta dorada. Provocó que admirara con ilusión los estudios de Letras en la universidad. 

Pronto me invadió el deseo de participar en concursos, publicar y con ello las ansias de ser considerada escritora. Mis ojos refulgían el fuego de las letras. Inevitable. 

Muchos tenemos diferentes historias con respecto a qué nos motivó a escribir. Por esta razón expresé hace poco que las respuestas varían. No todas las situaciones son iguales. Solo tenemos en común la luz de la vocación que se disparó en pasión letrada. ¿Eros? ¿Apolo? ¿Las musas? No estoy segura, si bien pasa. 

Es una pregunta interesante. ¿Qué disparó nuestra pasión por la palabra? ¿Tedio? ¿Malos momentos? ¡Hay tantas suposiciones! 

La vocación por la escritura es algo que hay que tomar en serio. Es una inclinación maravillosa, que nos presenta adversidades a la vez. Simplemente sabemos que ya estamos perdidos en un laberinto de níveas plumas y tinta nocturna del que no querremos escapar. 

Ahora cuéntame, ¿qué provocó tu afán por escribir?

Nota: Esta colaboración fue hecha por Ivanna Zambrano.
La puedes contactar en su Twitter o en Letralia.