Conozco a un hombre cuarentón, abogado de profesión, que hace apenas unos años descubrió su verdadera pasión, una que tenía tan escondida que ni siquiera sabía que existía: la escritura. El bichillo de las letras comenzó a picarle lentamente, apoderándose de él. Pero… ¿cómo se iba a dedicar a la escritura literaria después de tantos años escribiendo textos legales?, ¿de dónde sacaría el tiempo cuando tiene una esposa y dos críos que atender?, ¿cómo aprendería el oficio de escritor, si no sabía siquiera por dónde empezar?