Por alguna extraña razón, cada vez me encuentro con más “escritores” obsesionados con la publicación. Publicar es su objetivo, su motivación. No les importa el medio que utilicen. Llueven sus autopublicaciones porque gestionan proyectos literarios con una rapidez tal que la calidad brilla por su ausencia. Son personas que no quieren ser escritores, sino publicadores. Así que, como mínimo, llamémoslos por su nombre.

Existen muchas razones para escribir. Pero cuando hablamos directamente de escribir libros (literarios o no), se entiende que hay una intención de comunicar, de hacer llegar un mensaje, de dar a conocer una historia, de lograr que el lector se informe, se entretenga o se pierda en un mundo nuevo. 

¡Ojo! No necesariamente todo aquel que escribe un libro quiere publicarlo (o se siente preparado para darlo a conocer rápidamente). Hay personas que escriben como terapia, como desahogo, como legado familiar… Y sí, hay personas que escriben libros para quedarse en un estante de su casa cogiendo polvo. ¡¿Cuántas tesis no habrá por ahí apoyando mesas cojas?!

La cuestión es que, alguien que escribe y quiere publicar en algún momento su obra (acto valiente y sumamente válido), trata su escrito con respeto. Escribe, corrige, reescribe, edita, relee… Le busca las cinco patas al gato. Y cuando la da por terminada, muchas veces busca a algún familiar, amigo o profesional que lea el texto y le dé su opinión, le ayude a corregir, etc.

No todo tiene que suceder en ese orden. Lo que digo es que el auténtico escritor intenta ser un profesional de la palabra. No solo es tener una historia que contar (cada individuo tienen una), es la forma en que la cuentas, es cómo juegas con el lenguaje, los recursos que utilizas, el manejo del idioma (y sus reglas). Eso es lo que te distingue, lo que te convierte en escritor.

Cualquiera puede tocar una guitarra, pero no todos pueden sacarle una melodía. De la misma forma, cualquiera puede escribir un libro, pero no todos logran comunicar, enganchar, transportar al lector.

El escritor que quiere dar a conocer su obra la trata con respeto. Hasta el momento, no he conocido a ningún escritor que pase por alto las distintas fases del proceso de escritura. Y mira que sé que hay escritores que se convierten en correctores, editores, maquetadores, diseñadores, publicistas; de todo para lograr dar a conocer esa historia que tanto les costó.

El respeto por lo que uno hace es un valor esencial. La calidad de lo que publicas dice mucho de ti, de tu imagen, de tu profesionalismo. Imagina que un periodista se exprese con palabras soeces y en un lenguaje inculto ante toda una audiencia televisiva. En dos minutos estará la evidencia en redes sociales, los memes, los grupos que buscan funarlo; y ya en diez minutos se estaría emitiendo la carta de despido o amonestación.

El escritor que ve la escritura como una profesión, como un oficio serio, debe tener un código de respeto hacia su trabajo. Y sí, eso significa que no publicará nada sin antes haberlo releído y corregido, sin que pase por un filtro, sin perfeccionarlo. Por respeto a su trabajo, pero también al lector. Porque mira que da rabia estar leyendo un libro (o cualquier texto) con faltas ortográficas o con incongruencias argumentales. Personalmente, me ensoberbezco y dejo de leer.

Si el único objetivo de una persona es publicar sus escritos, entonces no debe (o debería) llamarse escritor, sino publicador. Y sé que esta afirmación tiene sus aristas, pues hay muchas razones también para publicar. Pero voy a explicarlo, que no quiero malos entendidos.

Un publicador es una persona que escribe textos de cualquier tipo para publicarlos y recibir una compensación por ello, ya sea económica o mediática. Aclaro que este término/concepto es mío; fue la forma que encontré para llamarles a estas personas. 

El punto es que un publicador se dedica a escribir con el objeto de vender sus libros para generar algún tipo de ingreso pero, más que eso, muchas veces lo que busca es la fama, ser conocido en el mundillo editorial, interactuar con personas de distintas partes… y por ahí pudiera seguir mencionando cosas.

Otros publicadores lo hacen porque creen que, para ser reconocidos como escritores, deben tener cierta cantidad de libros en el mercado. Entonces sacan historias de cualquier parte. Ven una serie y ya quieren escribir sobre esa temática. Leen una noticia y la hacen cuento. Un amigo les contó una historia y la escriben como propia. 

Y sobre este punto debo volver a aclararme. No es que esté mal inspirarse en eventos noticiosos, en la vida real, en épocas o temáticas para escribir (incluso es lo más normal del oficio). Lo que sucede con los publicadores es que producen historias con una rapidez que ni siquiera se dan el tiempo de modificarla o adaptarla, de cambiarle algunos hilos argumentales… incluso, algunos terminan plagiando

O peor aún, se sientan a escribir, alcanzan 15-20 hojas en Word, le echan una miradita y se les ocurre publicarla como una novela corta. ¡Coño! ¡Más respeto! Una novela es mucho más larga. Una novela tiene distintos conflictos. Requiere que se desarrollen más los personajes, las ambientaciones… Si van a publicar, que llamen al texto por su nombre; noveleta o cuento largo, por ejemplo.

Entonces, a los publicadores se les ocurrió una historia, la escribieron en un dos por tres, corrigieron alguno que otro error ortográfico, la maquetaron e hicieron una portada (sin importar calidad), la subieron a Amazon, crearon un booktrailer y la promocionaron por cuanta red social encontraron (se llegan a hacer expertos en todo esto).

Y resulta que, 2 o 3 meses después, vuelven a leer esa historia o reciben alguna crítica/reseña y, por fin, la toman para hacer lo que tuvieron que haber hecho desde el inicio: corregir, reescribir, editar… Lo que les sirve para volver a promocionar el texto y ponerlo a la venta “reeditado”, pues ahora tiene más “calidad” el libro.

Pienso que quien vaya a publicar un borrador no debería cobrar por este. Mejor que lo publique por capítulos en un blog o en Wattpad, como hacen muchos y, cuando termine la historia por completo, con los comentarios y recomendaciones de los lectores (quienes también sirven como lectores beta), y con mucho sentido común y autocrítica, la corrija, haga las modificaciones pertinentes y publique una novela estructurada, trabajada, de mayor calidad (porque se supone que pasó por todo un proceso de edición). 

Publicar muchos libros no significa que eres escritor. Tampoco asegura que tus textos están bien escritos o que son de calidad. Si lo que publicas es bueno, con un solo libro tienes para que te reconozcan como escritor. Y el hecho de que algunos lectores (con poca o nula formación cultural/literaria/lingüística) te aseguren que tu novela es lo mejor que han leído, no significa que ese texto no contenga errores o que pueda ser considerado literatura. El tiempo es el mejor juez...

Y sobre este punto, me parece que también debo aclarar que un redactor no es lo mismo que un escritor, pues el redactor escribe por encargos cualquier tipo de texto. Se dedica a escribir para generar ingresos (vive de eso). Mientras que son pocos los escritores que pueden vivir de la escritura, pues para ello tendrían que sacar un bestseller, llevar su obra a la pantalla chica/grande (series o películas), etc.

El redactor escribe contenidos para una página web, para un periódico, para contextos académicos, entre otros, pues generalmente no es literatura lo que le encargan (de lo contrario serían escritores fantasma).

Hasta aquí llego con esta descarga (que sé que generará debate). Mi intención no es ofender a nadie. Lo que quiero es que reflexiones y que determines qué eres o qué quieres ser: escritor o publicador. O incluso tal vez puedas reconocer a alguna persona que se hace llamar escritor y en realidad es un publicador…

¿Mi consejo? Si quieres escribir un libro y publicarlo, trata con respeto tanto a tu obra como al lector. Deja que el manuscrito pase por todo el proceso de escritura antes de su publicación. Escribe el borrador y déjalo descansar. Después corrígelo y edítalo. Reescribe las partes que sean necesarias. Valora su calidad con sentido crítico. Busca a un lector beta o contrata a un profesional (si puedes) que te ayude a pulirlo. Y cuando por fin termines todo este proceso, comienza con los trámites para publicarlo, ya sea con una editorial o lo autogestiones.

¿Conoces a algún publicador? ¿Qué piensas sobre estos? 
¿Eres (o quieres ser) escritor o publicador? 
¿Quedó clara la diferencia entre un escritor y un redactor?

Image