Cada semana recibo un correo de GoogleAlerts, donde me enlista todas las páginas web en que Cafetera de Letras o Grisel R. Núñez fue mencionado (donde aparece textualmente el nombre o concepto). También me avisa cuando el contenido que publico o algunas partes de este son publicados en otras páginas… 

Utilizar GoogleAlerts es como tener un investigador privado alertándote cada vez que alguien hace uso de tu nombre, marca registrada o contenido. Así que, una vez por semana, entro en todos los links que me llegan para investigar, como mínimo, si me han dado crédito o qué se dice de mi blog

Hace más de un año descubrí una página rusa que repostea cada publicación que yo realizo (no las colaboraciones) para aquellos rusos que están escribiendo en español. Copian textualmente mi artículo y lo publican en una sección de la página. Casi infarto cuando me di cuenta de que semana tras semana era lo mismo. Pero después me tranquilicé un poco, pues a pesar de utilizar imágenes y contenido, dejan el link del post y el de mi página. (Ojo, preferiría que indexaran los artículos antes que los copiaran, pero decidí no pelear esa batalla. Además, mi dominio del ruso es… digamos que nulo.) 

También me he topado con páginas de escritores principiantes o blogueros emergentes que, sin más, copian mi contenido. O incluso que imitan las iniciativas que he creado en Cafetera de Letras y las realizan en su blog. Algunos han tenido el descaro de modificar partes para darlo por propio. 

En estos casos, intento ser lo más diplomáticamente correcta, y les envío un correo explicándoles que el contenido es mío, que está reconocido, que es plagio, que no autoricé su publicación o modificación, que exijo eliminar de la página o reconocer propiedad intelectual (según sea el caso), y que mínimo unas disculpas vendrían bien. 

Las respuestas han sido variadas: 
  • Algunos dicen que no conocían Cafetera de Letras y que no han publicado nada mío (por arte de magia desaparece el post de su blog). 
  • Otros aseguran que me están dando publicidad (y no alcanzan a tener 100 seguidores). 
  • Unos juran que se les olvidó poner mi nombre y el link de mi blog… 
  • O que pensaban que, como comparto mi conocimiento, era válido publicar también en sus plataformas para que más lectores se vean beneficiados (porque el conocimiento es gratuito y público). 
  • Y están los que piden disculpas y hacen lo que les pido, ya sea eliminar el contenido, agregar mis datos o solo dejar el enlace. 
  • ¿Ya dije que algunos ni siquiera responden? 

Más encima, en el último año se han multiplicado las veces en que se comparte el contenido del blog o las imágenes de Facebook que creo con frases para escritores en Pinterest e Instagram. Y que saquen el logo de Cafetera de Letras ya me parece mucho. 

Es como para alucinar, ¿cierto? 

Al inicio me encolerizaba, me enrabiaba al punto de enviar unos correos sin filtro (donde alguna que otra palabra soez se me escapaba). Después reflexioné: no es posible que nivele hacia abajo. Así que adopté estrategias diplomáticas que tuvieron mejor recepción, o al menos respuesta. 

Y no es que me moleste en sí que alguien utilice o quiera compartir lo que yo publico, lo que sucede es que detrás de cada artículo hay trabajo. No es llegar y sentarse frente al computador, empezar a escribir y cinco minutos después tener algo que publicar, subirlo a Blogger y ¡listo! 

Nooo… ya quisiera yo. Detrás de cada post hay una idea que fue anotada, pensada, investigada. Es sentarme a veces con el material que he creado para alguno de mis talleres para sintetizar y explicar en un lenguaje para la web. Escribir y corregir, crear de cero un contenido. Pero también es añadirle mi experiencia, mis vivencias, mis ejemplos… ¡Oye, que quieras o no, eso es algo muy mío! 

Y la cosa no queda ahí. Cuando terminas de corregir, hay que escoger las llamadas de atención (frases en negrita), desarrollar algunas preguntas finales que inviten al lector a comentar o compartir, subir a la plataforma y arreglar el formato de cero, crear una imagen y editarla (tamaño) para que no sea pesada, programar y, más encima, subir también a Facebook (que si estuviera en otras plataformas fuera el medio rollo). 

Todo esto para que a veces ¡ni me comenten! (¡qué ingratitud!) o para que no se dignen en compartir el contenido al menos una vez. 

Así que este post, además de descarga y desahogo, es para contarte qué puedes y qué no puedes hacer con el contenido que publico


Lo primero que debes saber es que todo el contenido del blog está bajo una licencia Creative Commons, y que está prohibida su copia, reproducción o distribución sin atribución y/o para fines comerciales. 

En otras palabras, el contenido del blog está sujeto a derechos de autor y propiedad intelectual. En ningún caso se transmitirán o cederán dichos derechos sin mi consentimiento previo, explícito y por escrito. Concretamente, no podrás reproducir, difundir, vender, distribuir o usar con fines comerciales los contenidos de Cafetera de Letras. 

Y los posts que no son míos, es decir, las colaboraciones, se sobreentiende que igualmente tienen derechos de autor, por lo que exijo que se respeten como si fueran míos, pues son personas que muy generosamente están compartiendo contigo su conocimiento o experiencia en mi página. 

No creo que sea difícil reconocer el trabajo de otro. Mucho menos enviar un correo y pedir autorización para algún fin. Tampoco es complicado dejar un comentario de agradecimiento o compartir el trabajo que hacemos si lo consideras útil, interesante o si te ha servido. 

Creo que tenemos que aprender a ser más humanos y relacionarnos más con los otros, pues la tecnología hace que accedamos al conocimiento con un solo clic, pero detrás de esa página hay una persona que ha querido comunicar algo y, como mínimo, merece una retroalimentación. 

También se trata de respeto. Respeto por el trabajo del otro, por el tiempo invertido, por darse el tiempo de compartir. Incluso por hacer que técnicas o herramientas complicadas sean fáciles de entender, o tal vez por hacerte pensar en un tema (porque mira que nos hace falta reflexionar más). 

¿No has pensado que tal vez si comentaras más mis posts yo me motivaría a escribir más?, ¿o que si compartieras en tus redes sociales, más gente podría beneficiarse de lo que aquí compartimos? Y no hablo de copiar y pegar, ahí no me ayudas, con eso me plagias y te beneficias de mi trabajo. 

Si quieres crear contenido para tu página, debes aprender, investigar, escribir. Si piensas que no puedes hacerlo, que no tienes las capacidades para desarrollar un buen artículo: ¡dedícate a otra cosa! 

Pasa lo mismo con la escritura. Se multiplican los que quieren ser escritores, pero que no tienen ni son ni ton. Tal vez pudieran ser mejores lectores y reseñistas, por ejemplo. Pero no, se empeñan en escribir literatura. O sea, sin ánimo de ofender, pero pastelero a tus pasteles. 

Hasta aquí lo dejo. Pudiera iniciar con esto un debate, incluso hacer público y dejar en evidencia a varias personas que no aprenden y continuamente copian (y/o se aprovechan) de mi trabajo. Pero en esta instancia prefiero apelar a su juicio crítico, a su sentido común, a su raciocinio… y esperar que dejen de apropiarse del trabajo que tanto me ha costado. 

Y tú, ¿qué piensas al respecto? 
¿Alguna vez han copiado tu trabajo? ¿Cómo te sentiste? 
¿Qué tanto te cuesta dejar un comentario o compartir algún contenido? 
¿Conocías la política de derechos de autor de Cafetera de Letras?

Image