Escribir diálogos, a pesar de parecer una tarea fácil, es el talón de Aquiles de muchos escritores. Debe ser lo suficientemente potente como para hacer avanzar la historia y enganchar al lector; y tremendamente coherente para que lo creamos. Por eso, recomiendo los elementos de una conversación como base al escribir diálogos literarios. 

Una conversación no es otra cosa que un diálogo entre dos o más personas, quienes, de tener buenos modales, hablan de manera alternada. Claramente existen distintos tipos de conversación, por eso quiero centrarme en la que surge de forma espontánea. Es decir, la automática o cotidiana, la que no ha sido planificada o estructurada. 

La conversación espontánea se rige por algunos principios que podemos utilizar al escribir diálogos. Estos son: 

1. Cantidad de la información 
Regula la cantidad de información que se entregan entre sí los personajes. Evita los detalles innecesarios. No seas repetitivo (a menos que esté justificado). No adelantes información si no es el momento. 

2. Calidad de la información 
Sé preciso en la calidad. Los personajes no necesariamente dicen la verdad, pero en el diálogo debe parecer que así es, que al menos uno se lo cree. Las palabras elegidas también deben ser las más adecuadas para el contexto y lo que se desea comunicar. 

3. Relación de la información 
Todo lo que se dice es pertinente y está relacionado entre sí. Hay un hilo conductor del tema que se habla. 

4. Manera, tono y tacto 
Es la forma en la que se dicen las cosas. Esto refleja estados de ánimo, permite caracterizar a los personajes, le da fuerza y credibilidad a la conversación… 

5. Orden en el diálogo 
Las ideas se presentan de la forma más clara y ordenada posible, para que el otro entienda y no se confunda. 

Considera que, al escribir diálogos, debes asegurarte de que lo que hablan los personajes te sirva para algún objetivo: describir una situación, detonar un conflicto, dar a conocer la postura de los personajes… La historia debe ir evolucionando, no estancarse en el diálogo

Presta atención a las intervenciones, interrupciones, lo que se dice y cómo se dice. Evita ambigüedades y expresiones difíciles de entender. Aprovecha de darle vida a tus personajes a través de una característica, como una muletilla. Y no olvides contextualizarlos: un doctor en física cuántica no habla como un esclavo del siglo XIX. 

Por último, lee tu diálogo en voz alta y analiza críticamente si este es creíble o no, si pudiera considerarse una genuina conversación espontánea. De no ser así, ya sabes que toca reescribir. 

¿Cómo escribes tus diálogos? 
¿Qué otra recomendación o consejo nos darías?

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